Cuando Lionel Scaloni asumió al frente de la Selección argentina, en 2018, pocos imaginaban que aquel técnico cuestionado por su falta de experiencia terminaría conduciendo al equipo hacia una de las etapas más gloriosas de su historia. Detrás de los títulos, las decisiones tácticas y el vínculo con Lionel Messi y el resto del plantel, sin embargo, había una historia mucho menos conocida: la del hombre que llegó desde Pujato y construyó una manera particular de liderar.
Esa historia es la que durante casi tres años reconstruyó el periodista Diego Borinsky para Scaloni. Biografía Oficial, publicado por Editorial Sudamericana. El autor, licenciado en Ciencias Biológicas y periodista deportivo formado en Deportea, trabajó durante más de dos décadas en El Gráfico y lleva una extensa trayectoria dedicada a contar historias de protagonistas del deporte.
Para escribir el libro, Borinsky mantuvo múltiples encuentros con Scaloni en Mallorca, Pujato y el predio de la AFA. Hubo conversaciones sobre su infancia, su carrera como futbolista, sus comienzos como entrenador y, por supuesto, el recorrido que terminó en los títulos de la Selección. Pero también hubo algo más difícil de conseguir: la intimidad necesaria para descubrir quién es Scaloni cuando deja de ser el técnico campeón del mundo.
En esta entrevista con , Borinsky cuenta cómo nació la idea de escribir el libro, por qué decidió ir detrás del hombre y no solamente del entrenador, cuánto tuvo que insistir para conseguir aquel primer encuentro y qué descubrió de un Scaloni que, pese a haber conseguido todo, conserva una característica que para el periodista resulta fundamental: la capacidad de seguir siendo “uno más”.
¿Qué te pasó con Scaloni cuando asumió como técnico de la Selección, cuando todavía muchos cuestionaban su llegada?
Cuando asumió, mucha gente estaba en contra y, en cierta forma, tenía cierta lógica porque no había dirigido prácticamente nada. Había sido ayudante de Sampaoli y había dirigido un grupo de chicos en Mallorca para validar su título de entrenador. Pero a mí me gustaba cómo contestaba, cómo enfrentaba las críticas.
¿Y cuándo empezaste a pensar que había una historia para contar detrás de ese técnico?
Después de la Copa América de 2021, cuando Argentina corta 28 años sin ganar un título importante, empecé a hablar con su representante. Yo no conocía personalmente a Scaloni, a diferencia de Gallardo o Almeyda, a quienes sí conocía por haber cubierto River durante muchos años.
¿Cuánto tiempo pasó hasta que finalmente pudiste entrevistarlo?
Pasaron trece meses. Después del Mundial empecé a insistir mucho con la idea del libro. Me decían: “Sí, sí, ya lo vas a ver”. Pero pasaba el tiempo, a veces no me contestaba el teléfono hasta que finalmente pude encontrarme con él.
¿Qué sentiste cuando finalmente lo tuviste frente a vos?
Sentí una cercanía muy grande. Porque cuando uno tiene todo ese recorrido, el producto final parece simplemente una nota, una entrevista, un libro. Pero detrás hubo una producción, una preparación y muchas charlas hasta llegar a ese momento.
Cuando viajaste a Mallorca, ¿qué querías encontrar?
Ya era campeón del mundo. Había ganado dos Copas América y había conseguido todo. Pero yo quería contar quién era Scaloni. Incluso me pasaba con amigos futboleros que me preguntaban: “Che, ¿Scaloni jugaba? ¿De qué jugaba?”. Entonces quería conocer al hombre detrás del técnico.
¿Cómo fueron esas primeras conversaciones?
Empezamos desde la infancia. Grabamos en el auto, incluso con la familia atrás, con todo lo que eso implica. La idea era que pudiera contar la mayor cantidad de cosas posibles y mostrarlo desde un lugar mucho más íntimo.
¿Qué fue lo que más te sorprendió del técnico de la Selección?
Me sorprendió y, al mismo tiempo, no me sorprendió que fuera tan sencillo. Que pueda andar por la vida como uno más, con todo lo que significa el fútbol para los demás y con todas las alegrías que le dio a millones de argentinos. Esa imagen se vio especialmente después del Mundial Sí. Después del Mundial había gente por todos lados y él salía cada dos horas. Y no lo hacía como un compromiso. Sentía la obligación de devolver tanto afecto. Prestaba atención, escuchaba, se sacaba fotos, se emocionaba. Es uno más. Y eso es muy difícil de conseguir.
¿Esa personalidad también explica el vínculo que construyó con los jugadores?
Creo que sí. A los diez minutos de estar con él ya sentías esa calidad, esa empatía. Y creo que obviamente también la consiguió con los jugadores. Por eso se armó el grupo que se armó.
¿Qué importancia tiene un líder en la construcción de un grupo como ese?
Para mí, un grupo está hecho de imágenes y necesita un líder de afuera y de adentro. Para mí, el líder de afuera es Scaloni.