El tenis mundial recibió un impacto inesperado en la antesala de uno de sus torneos más emblemáticos. Carlos Alcaraz, actual número uno del ranking, no estará presente en Roland Garros y no podrá defender el título que conquistó la temporada pasada.
La decisión, tomada junto a su equipo, responde a una cuestión médica: priorizar la recuperación física en un tramo clave del calendario. Tras someterse a estudios, el español optó por no arriesgar y bajarse tanto del Masters 1000 de Roma como del Grand Slam parisino, una ausencia que reconfigura por completo el panorama del torneo sobre polvo de ladrillo.
“Después de los resultados de las pruebas, hemos decidido que lo más prudente es no participar”, explicó el propio Alcaraz en un comunicado, dejando en claro que la prioridad es evitar una lesión mayor. “Es un momento complicado, pero estoy seguro de que volveré más fuerte”, agregó.
La noticia no solo golpea por la magnitud del protagonista, sino porque reactiva una curiosa tendencia: la dificultad de los campeones para defender su corona en París cuando las lesiones se cruzan en el camino. Alcaraz se suma a una lista selecta que incluye a Rafael Nadal, quien en 2023 tampoco pudo presentarse, además de nombres históricos como Rod Laver, Björn Borg y Andrés Gómez.
No es una estadística más: es una especie de “maldición del campeón” que vuelve a hacerse presente en uno de los escenarios más exigentes del circuito. El desgaste de la gira sobre polvo de ladrillo y la intensidad del calendario suelen pasar factura, incluso a las máximas figuras.
La ausencia de Alcaraz deja un vacío importante en el cuadro principal y abre el abanico de candidatos en un torneo que ya no tendrá a su último campeón en cancha. Mientras tanto, el español inicia una carrera contrarreloj para recuperarse y regresar en plenitud, con la mira puesta en lo que viene.