Las despedidas se explican por una fecha. La de Lionel Messi, en cambio, necesita un recorrido. Porque cuando este martes 6 de octubre el 10 salga al césped del Monumental para jugar ante Benín, no solamente terminará una carrera de más de 20 años con la camiseta argentina: también llegará al final una historia de amor que durante mucho tiempo estuvo lejos de ser correspondida.
Messi se va de la Selección convertido en ídolo indiscutido. Pero no siempre fue así.
Durante buena parte de su carrera internacional, el vínculo con el hincha argentino estuvo atravesado por una pregunta que parecía imposible de responder: ¿por qué ese jugador que hacía cosas extraordinarias en Barcelona no podía repetirlas con la camiseta celeste y blanca?
La comparación era permanente. Mientras en España Messi acumulaba títulos, goles, Balones de Oro y actuaciones memorables con la camiseta del Barcelona, con Argentina las imágenes que quedaban asociadas eran otras: finales perdidas, frustraciones y una camiseta que parecía pesarle más de lo que debía.
Aparecieron entonces las etiquetas. “Pecho frío” fue quizás la más repetida. También se cuestionaba su manera de cantar el himno, que caminaba la cancha, su carácter, su liderazgo y hasta su supuesta falta de identificación con el país que había elegido representar.
Un artículo del diario El País de 2016 resumía aquella contradicción: Messi era el mejor jugador del planeta, pero en Argentina recibía “más dudas que reverencias, reproches que aplausos, sospechas que homenajes”.
La vara era, además, distinta. No alcanzaba con llegar a las finales. No alcanzaba con ser goleador. No alcanzaba con jugar bien. Había que ganar. Precisamente, Messi lo sabía. Por su condición de competitividad.
El jugador que nunca dejó de intentarlo
La historia tuvo un momento de quiebre en 2016. Después de perder la final de la Copa América Centenario ante Chile, Messi falló su penal en la definición y anunció, entre lágrimas, su retiro de la Selección. “Me duele no ser campeón con Argentina. Ya está, lo intenté mucho, es increíble pero no se da. Se terminó para mí la selección”, dijo aquella noche. Toda la Argentina se sorprendió de semejante afirmación.
Había perdido cuatro finales: Copa América 2007, Mundial 2014, Copa América 2015 y Copa América 2016.
Pero aquella renuncia produjo un efecto inesperado. El país que durante años había discutido si Messi estaba a la altura de la camiseta comenzó a preguntarse qué sería de la Selección sin él. El reclamo ya no era contra Messi. Era para que volviera Messi.
La propia FIFA recordó años después que las críticas sobre su liderazgo y sobre por qué no jugaba con Argentina como lo hacía en Barcelona comenzaron a mutar después de aquella renuncia en un apoyo masivo.
Messi regresó y siguió intentando.
El Maracaná cambió la historia
El 10 de julio de 2021 ocurrió algo que parecía destinado a cambiar para siempre aquella relación. Argentina derrotó 1-0 a Brasil en el Maracaná y Messi levantó, finalmente, su primer título con la Selección mayor. Habían pasado 28 años desde la última consagración argentina en la Copa América. Para Messi, además, era la respuesta a una década y media de frustraciones.
La imagen de Messi llorando, abrazado a sus compañeros, mientras sostenía por fin una copa con la camiseta argentina, produjo una transformación. Después lo explicó él mismo: “Necesitaba sacarme la espina de poder conseguir algo con la Selección, había estado muy cerca muchísimos años”. “Nunca se me había dado y fuimos campeones”, destacó.
Ya no era el Messi de Barcelona que no podía ganar con Argentina. Era el Messi campeón.
Y entonces apareció otro Messi. Más emocional, más líder, más argentino en sus gestos y en sus palabras. El mismo futbolista que durante años había sido cuestionado por no tener el carácter de Maradona comenzó a mostrar una personalidad diferente. Incluso apareció aquel inolvidable “¿qué mirás, bobo?” durante el Mundial de Qatar 2022, una frase que se convirtió inmediatamente en parte de la cultura popular argentina.
“Ni antes éramos los peores ni hoy los mejores”
Pero Messi nunca olvidó lo que había ocurrido. Después de ganar la Copa América 2021, habló sobre aquellos años de críticas y apuntó directamente contra una parte del periodismo. “Hubo una parte del periodismo que nos trataba de fracasados, que no sentíamos la camiseta, que no teníamos que jugar más en la Selección”, recordó. Y dejó una frase que, vista desde hoy, adquiere otro significado: “Ni antes éramos los peores ni hoy los mejores”.
Messi reivindicaba así algo que había sostenido durante años: que una derrota no podía convertirlo en un jugador sin compromiso, del mismo modo que una victoria no debía transformar automáticamente a un equipo en invencible. Había algo más profundo detrás de sus palabras. Durante mucho tiempo, Messi había soportado en silencio las críticas. No respondía. No confrontaba. No necesitaba explicar demasiado.
Su respuesta estaba en la cancha. Finalmente la cancha empezó a darle la razón.
De cuestionado a símbolo
La Copa América de 2021 abrió la puerta. Después llegaron la Finalissima, el Mundial de Qatar 2022 y otra Copa América en 2024. La relación ya había cambiado.
El hincha que alguna vez discutió si Messi sentía la camiseta comenzó a cantar su nombre antes de los partidos. El que comparaba cada actuación con Maradona empezó a entender que no necesitaba elegir entre uno y otro. Messi también cambió su manera de relacionarse con la camiseta. Ya no era solamente el jugador que debía demostrar algo. Era el capitán que conducía a una generación, el futbolista que los chicos querían imitar y el hombre al que las tribunas acompañaban incluso cuando las cosas no salían bien.
La diferencia se vio incluso en las derrotas. En el Mundial 2026, después de la caída ante España en la final, los hinchas argentinos cantaron y alentaron a Messi mientras él permanecía con lágrimas frente a las tribunas. Para el periodista y escritor Sergio Levinsky, esa relación terminó construyéndose de una manera distinta a la que los argentinos habían tenido con Maradona: fue un “amor en construcción”. Quizás esa sea la mejor definición para explicar la historia.
A Maradona se lo amó desde el principio. A Messi hubo que aprender a amarlo. Primero hubo dudas. Después exigencias. Más tarde comprensión. Finalmente, admiración. “Me vacié, ya no tengo más para dar”
El propio Messi terminó de cerrar el círculo el 31 de agosto de 2026, cuando anunció oficialmente su retiro de la Selección. “Fue una decisión que dolió y duele en el alma pero entiendo que es el momento”, escribió. “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección. Me vacié, ya no tengo más para dar”, agregó.
No hubo revancha en sus palabras. No hubo reproches. No hubo una lista de cuentas pendientes. Hubo agradecimiento. “Gracias por todo el cariño de estos 20 años”, escribió. Y hacia el final dejó una frase que probablemente sintetiza mejor que ninguna otra toda su relación con la camiseta argentina: “Gracias Dios por hacerme argentino”.
Este martes 6 de octubre, cuando Messi vuelva a pisar el Monumental, probablemente ya no importe aquella vieja discusión sobre si era más argentino o menos argentino por haber crecido en Barcelona. Tampoco importará cuánto tardó en ganar. Ni las finales perdidas, ni los penales, ni las tapas que lo señalaron, ni las comparaciones. El hincha que alguna vez le exigió que demostrara que sentía la camiseta tendrá ahora la posibilidad de despedirlo.
Porque Messi se va después de haber construido algo que durante años pareció imposible: no solamente ganó con Argentina; consiguió que varias generaciones de argentinos sintieran que la Selección también era Messi. Quizás ahí esté la verdadera dimensión de su despedida.
No se va solamente el futbolista que más goles hizo, el que más partidos jugó o el que levantó las copas que durante tanto tiempo le reclamaron. Se va el Messi que pasó de tener que convencer a los argentinos de que quería jugar para ellos a convertirse en uno de los símbolos más grandes de la camiseta argentina.
La historia que empezó con dudas termina este martes con un Monumental lleno para decirle gracias. Ya nadie necesita preguntarse si Messi es argentino