A veces los sueños empiezan en silencio. En un dojo de barrio, con un kimono prestado, repitiendo movimientos una y otra vez mientras la mayoría de los chicos de su edad piensa en otra cosa. Así comenzó el camino de Laureano Ravagnan, el neuquino de 16 años que hoy tiene una noticia capaz de cambiarle la vida: fue convocado a la Selección Argentina de Karate y representará al país en el Mundial JKS que se disputará en Brasil.
La noticia llegó como una recompensa a años de disciplina, entrenamiento y constancia. Pero detrás de la convocatoria no hay solamente medallas, técnicas o torneos. Hay madrugones, horas de práctica, viajes, estudio y una rutina exigente que Laureano aprendió a llevar adelante con una madurez poco habitual para su edad.
Desde hace seis años entrena en el dojo Komazawa de Neuquén, un espacio histórico dentro de la disciplina en la provincia. Ahí empezó siendo un chico tímido que daba sus primeros pasos en el karate y hoy está a un examen de convertirse en cinturón negro. En el medio hubo competencias, seminarios internacionales y muchas jornadas donde el cansancio obligaba a elegir entre descansar o seguir entrenando. Laureano eligió seguir.
Y no solamente dentro del tatami. Mientras construía su camino deportivo, también mantuvo un enorme compromiso con la escuela. Actualmente cursa sus estudios en la EPET N°8 y sostiene un promedio de 9,33, combinando las exigencias académicas con la preparación física y mental que demanda un deporte tan competitivo.
La convocatoria al Mundial no llegó de un día para el otro. En los últimos años comenzó a formar parte de la preselección argentina y fue ganándose un lugar entre los jóvenes con mayor proyección dentro del karate nacional. Ahora tendrá la posibilidad de competir en el escenario más importante de la disciplina, nada menos que en Japón, la cuna del karate moderno.
Pero detrás de la emoción también aparece una realidad inevitable: el alto costo económico que implica representar al país. El viaje, la inscripción, el alojamiento y toda la preparación superan los 3,4 millones de pesos, una cifra imposible de afrontar sin ayuda.
Por eso, mientras Laureano sigue entrenando con la misma humildad de siempre, su familia y el entorno del dojo comenzaron una carrera paralela para conseguir apoyo y reunir el dinero necesario que le permita viajar.
La historia de Laureano también refleja algo más profundo: el enorme esfuerzo que hacen muchos jóvenes deportistas neuquinos para llegar a competir en el más alto nivel. Lejos de las grandes estructuras y muchas veces sosteniéndose a pulmón, siguen apostando por el deporte como forma de crecimiento, disciplina y superación personal.
En agosto, cuando pise Japón con la camiseta argentina, Laureano no solamente llevará su apellido en la espalda. También cargará el sueño de una familia, el trabajo silencioso de años y el orgullo de toda una provincia que empieza a verlo transformarse en un ejemplo dentro y fuera del deporte.