El escándalo que sacudió al Ascenso argentino sumó un nuevo capítulo. Nicolás Lamolina, el árbitro que quedó en el ojo de la tormenta durante el empate sin goles entre All Boys y Godoy Cruz, rompió el silencio y dio su versión de los hechos después de una escena que desató indignación, cuestionamientos y un intenso debate sobre los límites de la autoridad arbitral.
El episodio tuvo todos los ingredientes de una situación insólita: un penal sancionado, jugadores que rodearon al juez, un celular con la repetición de la jugada y una decisión que cambió después de una interrupción de 22 minutos. Finalmente, Lamolina anuló la pena máxima a favor del conjunto mendocino y cobró tiro libre directo para All Boys, al considerar el aporte de su asistente.
Qué dijo el árbitro sobre su decisión
En sus declaraciones, el árbitro hizo hincapié en que no podía permitir que la imagen del teléfono condicionara su determinación. “Hice un esfuerzo muy grande para que no me muestre la imagen”, explicó, al referirse a la situación que lo dejó expuesto en medio de las protestas.
Y fue todavía más contundente al describir lo que hubiera significado mirar la pantalla y modificar su fallo a partir de esa imagen: “Si llegaba a aparecer mirando el celular, todo el mundo podía pensar que mi decisión iba a ser revocada o modificada por esa situación”. Para Lamolina, el contacto visual con el dispositivo o con un dirigente de All Boys habría sido “gravísimo”, en una escena que puso en discusión el procedimiento utilizado para resolver una jugada determinante.
Por qué cobró penal y qué lo hizo cambiar de decisión
Para reconstruir lo sucedido, Lamolina explicó primero por qué sancionó la infracción de Iván Zafarana sobre Axel Rodríguez. Desde su perspectiva, el defensor se arrojó con fuerza excesiva y el contacto se produjo sobre la línea del área, por lo que entendió que correspondía penal para Godoy Cruz.
Sin embargo, la intervención de su asistente Méndez comenzó a sembrar dudas. “Me menciona que, por la posición que tiene y por el ángulo que percibe, era muy al límite y que por ahí no le convencía mucho la situación de penal”, relató el árbitro.
Según su explicación, su intención era conversar con el asistente para conocer con precisión qué había observado. La ubicación de Méndez le permitía tener una perspectiva más favorable de la jugada, tanto dentro como fuera del área, mientras que Lamolina venía detrás de los futbolistas y tenía un ángulo de visión diferente.
La situación, sin embargo, se complicó cuando jugadores y otras personas se acercaron para mostrarle la repetición en un teléfono. En medio de las protestas, incluso debió intervenir la policía para identificar a una persona que ingresó en el campo de juego. La escena demoró la reanudación durante 22 minutos y convirtió una jugada discutida en uno de los momentos más controvertidos de la jornada.
Una vez que pudo restablecerse el orden, Lamolina mantuvo la conversación que necesitaba con su asistente. Méndez le ratificó que, desde su posición, el contacto se había producido fuera del área. El árbitro decidió entonces respaldar esa apreciación y modificar su fallo. “Entendiendo desde el punto de vista del trabajo en equipo y las perspectivas de cada uno, confié en lo que él dijo y reanudamos con tiro libre”, explicó.
La polémica quedó instalada más allá del resultado: el penal fue anulado, el partido terminó 0-0 y el episodio dejó una pregunta que atraviesa al fútbol argentino: ¿hasta dónde puede llegar la presión de los protagonistas sobre un árbitro durante un partido? Lamolina defendió su decisión final y buscó dejar en claro que el cambio de criterio respondió al diálogo con su asistente, aunque la imagen de un celular en medio de una discusión arbitral difícilmente pase inadvertida.