El Bosque está revolucionado. Lo que parecía un interinato de emergencia terminó convirtiéndose en una historia que ilusiona a todo Gimnasia. Ariel Pereyra agarró un equipo golpeado, apagado y sin demasiado rumbo, pero en silencio, sin grandes discursos y con el overol puesto, armó un Lobo bravo, incómodo y ganador. Tan ganador que lleva siete partidos consecutivos con victorias y quedó a las puertas de una marca histórica que en La Plata todavía retumba como leyenda.
Esta noche, en los cuartos de final del Torneo Apertura, el equipo platense tendrá la prueba más pesada de todas: visitar a River Plate en un duelo de eliminación directa donde el que pierde se despide. Y en ese contexto caliente, de dientes apretados y tensión máxima, Gimnasia llega con algo que hace semanas no se consigue fácil en el fútbol argentino: confianza absoluta.
El ciclo del “Pata” Pereyra ya dejó de ser sorpresa. Los números lo empujaron directamente a los libros de historia del club. Siete partidos dirigidos, siete victorias. Una efectividad perfecta que lo metió en un selecto grupo junto a José Ripullone y Felipe Scarpone, los únicos entrenadores del Lobo que habían conseguido semejante arranque en 1929 y 1944 respectivamente.
Pero más allá de las estadísticas, hay algo futbolero que explica este presente. Gimnasia recuperó carácter. Volvió a ser un equipo duro, intenso y convencido. Aprieta, corre, mete y golpea en los momentos justos. No le sobra nada, pero compite como si estuviera jugando cada pelota con el cuchillo entre los dientes.
La última muestra fue el triunfazo ante Vélez Sarsfield en Liniers, donde el Lobo eliminó a uno de los candidatos del torneo y confirmó que no está en cuartos por casualidad. Antes había construido una racha demoledora: 4-1 a Camioneros, 2-1 a Sarmiento de Junín, 1-0 a Estudiantes de Río Cuarto, 3-0 a Acassuso, 1-0 a Belgrano, 2-0 a Argentinos Juniors y el ya histórico golpe frente al Fortín.
Ahora aparece River, candidato natural, gigante y local. Pero del otro lado estará este Gimnasia que encontró una identidad inesperada y que juega como si no tuviera nada que perder. Pereyra, mientras tanto, sigue caminando al borde de la historia. Si el Lobo vuelve a ganar, no solo se meterá en semifinales: el “Pata” quedará definitivamente marcado en una de las rachas más impactantes que se recuerden en el banco tripero.