El mundo de la Fórmula 1 suele estar asociado a motores, velocidad y adrenalina, pero uno de sus jóvenes protagonistas sorprendió con una faceta completamente diferente. En la previa del Gran Premio de Estados Unidos, el piloto neozelandés Liam Lawson se subió a un escenario en Texas para ofrecer un recital junto a su hermano y varios amigos de la infancia, en una experiencia que lo enfrentó a un desafío inesperado.
La presentación formó parte de Garage Sessions with Liam Lawson and Friends, un evento que reunió a músicos y figuras vinculadas al automovilismo. El integrante de Racing Bulls compartió la noche con su hermano Marcus Lawson y artistas como Drake Milligan, Alison Nichols, Jonathon Capeci, Scoot Teasley y Jess Farren. Entre los asistentes también estuvieron su compañero de equipo Arvid Lindblad e Isack Hadjar, con quien había compartido estructura anteriormente.
Antes de comenzar, el piloto reconoció que los nervios eran difíciles de disimular. “Estamos bastante estresados por esto, para ser sinceros, pero vamos a intentar disfrutarlo”, admitió ante el público, según consignó el medio Stuff. La escena contrastó con la rutina habitual de un corredor de la máxima categoría, acostumbrado a preparar cada detalle de una competencia y afrontar la presión al volante.
La música acompaña a Liam Lawson desde que era chico. Su padre, Jared Lawson, tocó en distintas bandas durante su vida y alentó a sus hijos a familiarizarse con los instrumentos. Liam comenzó a aprender guitarra cuando tenía alrededor de seis años, prácticamente en paralelo con sus primeros pasos en el karting. En diálogo con la revista People, explicó: “La música ha estado en mi vida y en la de mi familia desde que era muy, muy joven, porque mi padre toca en una banda y ha tocado música toda su vida”.
Durante su infancia, el piloto compartió esa afición con Marcus, dos años menor. Incluso estudió guitarra durante siete años y rindió exámenes para avanzar en su formación. Sin embargo, con el crecimiento de su carrera deportiva, dejó de practicar durante un período de cinco años, mientras su hermano continuó desarrollando sus habilidades musicales. “Ahora mi hermano es mucho mejor que yo. Es muy, muy bueno”, reconoció con admiración.
El vínculo con la guitarra volvió a fortalecerse después de su llegada a la Fórmula 1. Lawson debutó en 2023 en el Gran Premio de los Países Bajos, cuando reemplazó al lesionado Daniel Ricciardo en Scuderia AlphaTauri. Con el tiempo, retomó la música como una manera de desconectarse de las exigencias del automovilismo. “Disfrutaba tocar música con los amigos con los que crecí. Solíamos hacerlo de muy chicos con mi hermano y con mi padre cuando estaba en casa”, recordó. También contó que actualmente escucha más country que rock de los años 80, el género que marcó su niñez. “La música country es más reciente porque es muy fácil de tocar. Muchas canciones tienen cuatro o cinco acordes y son muy simples”, explicó.
Para el recital eligió una guitarra acústica Taylor GS Mini, vinculada además a una edición especial inspirada en su participación en Garage Sessions. Lejos de presentar canciones propias, Lawson optó por interpretar versiones de distintos géneros. Aunque había escrito temas durante su adolescencia e incluso existe un registro suyo tocando una composición propia a los 11 años, aclaró que no tiene intención de retomar esa faceta. “No puedo prometer que las voces vayan a ser buenas, pero la guitarra debería sonar bien”, bromeó antes del espectáculo. Luego agregó: “Son todas versiones. Cuando agarro una guitarra, quiero disfrutar de tocar lo que quiero tocar. No sentí deseos de escribir música”.
La mayor sorpresa llegó cuando comparó la experiencia musical con su trabajo como piloto profesional. A pesar de competir a más de 300 kilómetros por hora, Lawson aseguró que presentarse ante una multitud le resulta más intimidante que disputar un Gran Premio. “Tocar frente a una multitud”, respondió cuando le preguntaron cuál de las dos situaciones le generaba más temor. “También canto y no soy un artista, así que da miedo”, añadió. Su actuación en Texas marcó, además, su regreso a los escenarios después de más de una década: la última vez que se había presentado públicamente tenía apenas 11 años.