El camino de Rafael Câmara hacia la Fórmula 1 suma un detalle poco habitual que despertó la curiosidad de los fanáticos. El joven brasileño, integrante de la Academia de Ferrari y una de las grandes promesas del automovilismo, convive con una dificultad visual que lo obliga a utilizar anteojos o lentes de contacto. Su condición genera preguntas por las exigencias de manejar un monoplaza a velocidades que pueden alcanzar los 350 kilómetros por hora.
El piloto de 21 años, que se destacó en las categorías formativas y pelea por consagrarse en la Fórmula 2, explicó públicamente que padece miopía y astigmatismo. Durante una transmisión de la cuenta oficial de F2, detalló: “Tengo miopía. ¿Se dice ‘miopía’ en inglés? ¿Cómo se dice cuando no ves de lejos? El aumento es de 2.75 y 2.50. También tengo astigmatismo, así que las luces me parecen muy brillantes”. Su respuesta sorprendió a los seguidores que le consultaron por el tema.
Lejos de representar una prohibición automática, el uso de anteojos está contemplado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA). El Código Deportivo Internacional permite utilizar elementos ópticos para corregir la visión o reducir el deslumbramiento, siempre que estén incluidos en la licencia internacional del competidor. Por eso, la condición de Câmara no implica por sí sola que tenga vedado el ingreso a la categoría.
De todas maneras, los aspirantes a competir en la máxima divisional deben superar controles médicos específicos. Entre los parámetros se encuentran una agudeza visual mínima de 1,00 en ambos ojos, con o sin corrección, la capacidad de distinguir los colores de las banderas, un campo visual de 120 grados y una visión estereoscópica funcional. El objetivo es garantizar que cada piloto pueda identificar los estímulos de la pista y reaccionar con seguridad.
El propio Câmara relató una experiencia que demuestra las dificultades prácticas que puede ocasionar su problema. En una entrevista con GE TV de Brasil, recordó una competencia en la que olvidó sus lentes de contacto en el hotel y tuvo que recurrir a los anteojos. “Estaba cerca para ver si lograba recogerlos y regresar, pero no iba a dar tiempo, así que me puse las gafas”, contó. Para evitar que el equipo lo notara, bajó la visera del casco.
Aquella jornada tampoco terminó como esperaba en la clasificación. “Parecía que tenía una pared a los lados. Perdí la pole por las gafas”, reconoció el brasileño, al explicar que terminó segundo por una diferencia inferior a media décima. La anécdota expuso que, aunque la corrección visual está permitida, elegir el método adecuado puede resultar determinante en una disciplina en la que cada fracción de segundo cuenta.
El español Pedro de la Rosa, expiloto y actual embajador de Aston Martin, también se refirió a esta situación en una entrevista con DAZN. “Puedes hacer lo que quieras. Es decir, mientras veas bien, puedes llevar lentes de contacto, que yo usé en mis últimos años de la Fórmula 1”, sostuvo. Además, mencionó a Sébastien Bourdais, quien compitió con anteojos, y advirtió que la lluvia puede empañarlos y generar complicaciones durante una carrera.
Otros nombres históricos también atravesaron situaciones similares, entre ellos Esteban Gutiérrez, Rolf Stommelen y el campeón mundial de 1997, Jacques Villeneuve. El canadiense cuestionó a quienes escondían sus problemas de visión y defendió su decisión de mostrarse con gafas en el paddock. “Si mi vista hubiera sido mala allí, no habría podido conducir tan rápido, o habría acabado contra una barrera”, afirmó sobre su desempeño en Mónaco. Así, la experiencia de distintos corredores demuestra que la corrección visual no es incompatible con el alto rendimiento, mientras Câmara busca consolidar su futuro en la élite del automovilismo junto a Gabriel Bortoleto, otro representante brasileño.