El fútbol siempre guarda historias de revancha. Y este miércoles, en Miami, Neymar escribió un nuevo capítulo en una carrera marcada por el talento, los desafíos y la resiliencia. Cuando el reloj marcaba 76 minutos del partido entre Brasil y Escocia, Carlo Ancelotti decidió mandarlo a la cancha en reemplazo de Matheus Cunha. El Hard Rock Stadium explotó en aplausos. No ingresaba un jugador más: volvía el dueño de la 10, el máximo goleador de la historia de Brasil y uno de los futbolistas más influyentes de su generación.
La imagen tuvo una carga emocional especial. Habían pasado 981 días desde la última vez que Neymar vistió la camiseta de la selección brasileña. Aquella noche del 17 de octubre de 2023, en Montevideo, frente a Uruguay por las Eliminatorias Sudamericanas, sufrió una grave lesión en los ligamentos cruzados y el menisco de la rodilla izquierda. Fue el comienzo de un largo calvario que lo obligó a pasar por el quirófano y a enfrentar una extensa recuperación que puso en duda su continuidad en la élite.
Desde entonces, el camino estuvo lejos de ser sencillo. Entre problemas físicos y recaídas, apenas pudo disputar siete partidos en un año y medio con Al Hilal, club que había desembolsado una cifra millonaria para incorporarlo. Cuando muchos creían que el tren mundialista se alejaba definitivamente, Neymar tomó una decisión cargada de simbolismo: regresar a Santos, el club donde todo comenzó. Allí reconstruyó su confianza, recuperó ritmo futbolístico y comenzó a alimentar el sueño de llegar a la Copa del Mundo.
Su convocatoria tampoco estuvo exenta de incertidumbre. Incluso después de ser incluido en la lista definitiva de Carlo Ancelotti, una molestia en el gemelo derecho le impidió estar disponible en los encuentros frente a Marruecos y Haití. Sin embargo, el cuerpo técnico apostó por su experiencia y aguardó su recuperación. La espera terminó ante Escocia, en una noche donde Brasil aseguró el liderazgo del Grupo C y donde el regreso de Neymar terminó robándose buena parte de la escena.
A sus 34 años, el crack brasileño afronta su cuarto Mundial y persigue la única conquista que aún le falta en una carrera repleta de éxitos. Con 79 goles y 128 partidos internacionales, el hombre que durante más de una década cargó sobre sus hombros el peso futbolístico de Brasil volvió a ponerse la camiseta más emblemática de su país. Y aunque fueron apenas unos minutos, para Neymar significaron mucho más que un ingreso: fueron la confirmación de que sigue de pie y que todavía tiene una última historia por escribir en la máxima cita del fútbol.