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River sacó pecho en Venezuela: gol agónico, Viña al arco y una noche de locura antes del mata-mata

El equipo de Coudet vivió una noche bien copera en Valencia: sufrió, discutió, perdió al arquero por expulsión y terminó ganándolo en la última con Maxi Salas, que rompió su sequía.

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Maxi Salas rompió la sequía en el último minuto y le dio a River un triunfo cargado de épica en Venezuela.

River necesitaba una noche así. De esas que no se explican demasiado desde el juego, pero que terminan fortaleciendo el espíritu. En Venezuela, el equipo de Eduardo Coudet sacó adelante un partido que tuvo absolutamente de todo y venció 2-1 a Carabobo en el último suspiro, con un gol agónico de Maxi Salas que desató la locura millonaria y le devolvió la sonrisa a un delantero que venía peleado con la red.

El triunfo, además de servir para acomodarse en la Sudamericana, llegó en el momento justo. Porque el domingo River tendrá una verdadera final anticipada frente a San Lorenzo por los playoffs del Torneo Apertura, un duelo sin margen de error: el que pierde, se queda afuera.

La noche en Valencia parecía escrita para una película futbolera. En un estadio pequeño, rodeado de palmeras y clima tropical, River arrancó mostrando una versión mucho más dinámica y agresiva que la de sus últimas presentaciones. Con varios suplentes, el equipo encontró frescura y movilidad, y por momentos jugó probablemente sus mejores minutos desde la llegada del Chacho.

Pero cuando parecía que el partido estaba controlado, todo se desordenó. Carabobo reaccionó, empujó con más corazón que fútbol y encontró el empate en medio de protestas y un arbitraje que encendió la bronca de los argentinos.

Y el caos terminó de instalarse cuando Lucas Beltrán vio la roja en una jugada muy discutida. Sin arquero disponible y con los cambios agotados, Matías Viña se puso los guantes y protagonizó una de esas escenas que quedan grabadas en cualquier noche de copa. El uruguayo improvisó bajo los tres palos mientras River resistía como podía en medio de un clima caliente, cruces picantes y un cierre cargado de tensión.

Cuando el empate parecía sellado, apareció el golpe inesperado. Facundo González metió un pase descomunal de más de 70 metros y Maxi Salas, que venía arrastrando una larga sequía, controló y definió para el 2-1 definitivo. El delantero lo gritó con furia, descargando toda la presión acumulada en un festejo que contagió a todo River.

Fue una victoria de esas que valen más por el impacto emocional que por los puntos. Porque River no sólo ganó: volvió a sentir adrenalina, volvió a festejar un gol decisivo y volvió a encontrarse con esa sensación copera que tantas veces lo sostuvo en los momentos difíciles.

Ahora se viene San Lorenzo. Y después de una noche tan caótica como heroica en Venezuela, en Núñez empiezan a ilusionarse con que este triunfo pueda marcar el comienzo de algo mucho más grande.

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