La Copa Libertadores todavía no terminó la fase de grupos, pero en Boca ya se juega como una verdadera final. La tensión se respira en cada rincón de La Bombonera, en los pasillos de Casa Amarilla y también en las calles. Porque después del polémico empate frente a Cruzeiro, el clima explotó en el mundo Xeneize y la sensación que quedó instalada entre los hinchas fue una sola: “todos contra Boca”.
La frase apareció durante la madrugada en distintos pasacalles colgados en las inmediaciones del estadio y del predio de Ezeiza. Un mensaje corto, directo y cargado de bronca, que refleja el enojo de gran parte de los hinchas con el arbitraje del último encuentro copero y con las decisiones tomadas desde el VAR en jugadas determinantes.
El empate ante el conjunto brasileño ya había dejado heridas abiertas. Boca sintió que varias acciones polémicas terminaron inclinando la cancha y la última jugada del partido fue la que hizo estallar definitivamente la furia azul y oro. Entre reclamos, discusiones y un clima caliente, el equipo de Claudio Úbeda terminó dejando dos puntos que hoy pesan demasiado.
Y como si el panorama no fuera suficientemente complejo, la victoria de Universidad Católica frente a Barcelona de Guayaquil terminó de encender todas las alarmas. El conjunto chileno aprovechó su localía, ganó un partido clave y se subió a la cima del Grupo D con 10 puntos. Cruzeiro quedó segundo con ocho y Boca cayó al tercer lugar con siete unidades.
Las cuentas ahora son simples y no dejan margen para especular. Boca está obligado a derrotar a Universidad Católica en La Bombonera si quiere meterse en los octavos de final de la Libertadores. Cualquier otro resultado dejará al conjunto de la Ribera afuera del único gran objetivo que le queda en el semestre.
El contexto elevó todavía más la presión. La Bombonera promete ser una caldera y el equipo sabe que jugará uno de esos partidos donde no alcanza solamente con el fútbol: también habrá que resistir el peso emocional, las críticas y el clima de final anticipada que rodea al club.
En medio de esa tensión apareció el respaldo de los hinchas. Los pasacalles no solo apuntaron contra las polémicas arbitrales, sino que también buscaron transmitir un mensaje de unión puertas adentro. El pueblo Xeneize siente que Boca quedó en el centro de la escena y que cada fallo dudoso alimenta aún más la sensación de persecución futbolera.
Mientras tanto, Claudio Úbeda intenta aislar al plantel y enfocarse en una sola cosa: ganar. Boca sabe que no tiene red de contención. Necesita una victoria para seguir respirando en América y evitar un golpe que podría dejar secuelas deportivas y políticas dentro del club.
La Libertadores puso a Boca contra las cuerdas. Y en Brandsen 805 ya eligieron cómo jugar este partido: juntos, con bronca y bajo una consigna que hoy retumba más fuerte que nunca. “Todos contra Boca”.