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El último tango del capitán: el semillero formativo que Messi nos deja en el alma

La despedida del astro rosarino no fue solo un hecho deportivo: fue una sacudida emocional que paralizó a toda la Argentina.

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Legado de Messi: Doctor Honoris Causa y su impacto social

Hay momentos en los que el deporte supera sus propios límites para convertirse en un hecho cultural insoslayable. Ante la despedida de Lionel Messi de los campos de juego con la camiseta de la Selección Argentina, la emoción desborda cualquier análisis táctico.

Nos cuesta aceptar que este ciclo perfecto se encamine a su final; sin embargo, el inevitable choque con la realidad se transforma en gratitud al tomar dimensión de lo construido.

El impacto de Messi no se agotará cuando la pelota deje de rodar: recién empieza a germinar en el corazón de nuestra identidad y en la estructura social del fútbol argentino. Esa conducta intachable y su trascendencia ética llevaron a la Universidad de Buenos Aires a otorgarle la máxima distinción académica: el título de Doctor Honoris Causa. Es un reconocimiento formal a su rigor, su integridad y sus valores.

Pero mucho antes de que las autoridades universitarias le entregaran los atributos del doctorado, el pueblo argentino ya le había concedido ese grado en la universidad de la calle, en cada potrero y en cada rincón de la Patria. Messi quebró barreras de edad, fronteras y divisiones porque encarnó un liderazgo noble, fundado en la humildad, el esfuerzo en silencio y la lealtad incondicional hacia el grupo.

Esa misma filosofía que exhibió dentro de la cancha la trasladó a su faceta como inversor e impulsor de proyectos futbolísticos propios (como el UE Cornellà en España, el Deportivo LSM en Uruguay junto a Luis Suárez, Leones de Rosario y su participación en el Inter Miami).

Lejos de reducir su presencia a un mero negocio financiero, su modelo coloca el foco en la infraestructura de las divisiones juveniles, la contención social y la salud integral de los deportistas. A través de la Fundación Leo Messi, canaliza recursos directamente hacia el acondicionamiento de playones comunitarios, proyectos de nutrición y salud pediátrica. Su gestión parte de una premisa irrenunciable: no hay desarrollo deportivo posible sin concebir al chico como una persona integral antes que como un atleta.

Esta concepción del deporte de base choca, sin embargo, con la realidad presupuestaria que atraviesa el fútbol institucional en nuestro país. A pesar de que la AFA percibe importantes fondos internacionales destinados al desarrollo de la educación formativa de fútbol por normativas de FIFA y Conmebol, el grueso de los ingresos por patrocinadores, derechos de transmisión y premios internacionales se absorbe en el sostenimiento del fútbol profesional senior. La asistencia económica directa hacia los espacios de formación del interior continúa siendo reducida. En los clubes de barrio y ligas regionales, el auténtico espacio de desarrollo humano y deportivo nacional sostiene cerca del 70% al 80% de su presupuesto operativo mediante la autogestión: la cuota que pagan las familias, la venta de empanadas, las rifas y el esfuerzo ad honorem de las comisiones de padres.

Para dimensionar la verdadera magnitud del legado del capitán no hay que mirar las vitrinas, sino las tribunas. La imagen de más de 8.000 niños y niñas menores de 12 años pertenecientes a escuelitas de fútbol de toda la región, colmando el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba para alentar a la Selección, constituye la síntesis perfecta de este fenómeno. Ver a esos chicos cantar el himno nacional con el pecho inflado, los ojos encendidos y una pasión desbordante por su ídolo demostró que el "Efecto Messi" va mucho más allá del juego. Messi les devolvió a las infancias el derecho a soñar sin presiones, el respeto por la camiseta y el valor sagrado del compañerismo.

El talento es un don, pero los valores se contagian y se gestionan con decisiones presupuestarias concretas. Si el fútbol argentino pretende honrar la huella imborrable que deja su capitán, la AFA, los dirigentes deportivos y el Estado deben asumir la responsabilidad ética de financiar sin titubeos la base piramidal de la educación formativa de fútbol de nuestras infancias, concibiendo a cada chico como una persona integral.

Entender el deporte como una herramienta fundamental para el desarrollo humano es, en definitiva, garantizar un escudo protector en la vida de los jóvenes: una vía concreta para alejarlos de las drogas, prevenir las violencias y ofrecerles pertenencia, disciplina y esperanza. Allí, en cada club de barrio donde un pibe intenta emular a su ídolo, se está jugando el futuro del deporte y de la sociedad nacional.

Columnista invitada R,S. Elizabeth Pereyra, Especialista en Educación y Gestión Empresarial. Directora de ICEP Consultoría & Formación.

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