Hay, dentro de la clásica lógica de construir política desde la propia gestión, objetivos comunes y también de los otros, los que buscan, en un determinado plazo de tiempo, cimentar el futuro. Es, de alguna manera peregrina, como el ejercicio que hace quien juega al ajedrez: necesita anticipar jugadas, del adversario y propias. Todo el tiempo, el jugador se mueve en diversos planos posibles. Algunos se concretan, otros no.
Esto se ve todo el tiempo, a veces de manera muy abierta, otras, más ocultas. En Neuquén también, hay jugadas que se ven y otras que todavía no, porque están en otro plano, el de la especulación necesaria para conseguir quedarse con el juego más adelante, en una proyección temporal que no es la del presente.
Muchos juegan sobre el tablero. En el MPN, por ejemplo, un partido que estuvo en el poder demasiado tiempo, hay varios, que advierten sobre la competencia del corto plazo, la que, eventualmente, se dará para presidir esa organización política, y producir el recambio que todos saben que es necesario, dentro de una estrategia de construcción que ya no lo tiene al MPN y su estructura (ahora más pequeña), participando directamente desde el Estado.
Cuando el MPN estaba en el poder, su financiamiento estaba asegurado. Existía un mecanismo de recaudación personalizado, y otro, más oculto, que derivaba recursos estatales a la digestión propia. Tantos años pasó este sistema por la vida de la política neuquina, que ya se había naturalizado, era parte de la lógica, del sistema, de cómo se concebía la construcción.
Lo primero que sufrió el MPN como estructura fue ese cambio. Ya no tuvo la billetera abierta.
La mayor esperanza dentro del MPN es seguir adherido al poder concreto. No está lejos, pues las raíces siguen conectadas a ese micelio político casi infinito; pero, la configuración es distinta, pues la práctica política ha cambiado, y, hoy día, tiene coaliciones dentro de las que debe responder. La primera es la denominada “neuquinidad”, liderada por el gobernador, Rolando Figueroa. La otra es “Primero Neuquén”, que conduce el intendente capitalino, Mariano Gaido.
Ambos construyen desde la gestión, y están enfocados en menesteres muy concretos y rendidores, pues Neuquén recibe generosas contribuciones desde sus recursos, que, habiendo mejorado la administración de esos dineros públicos, provocan un ritmo de concretizaciones muy intenso, el de mayor intensidad que se haya visto en la historia neuquina; al mismo tiempo, se diseñan las jugadas del ajedrez, hecho necesario, que mezcla presente y futuro, y que, hoy, los tiene a los dos jugando con las blancas, en el mismo bando, contra un oponente tan difuso como desdibujado, pero existente, que confronta y confrontará representando los intereses del gobierno nacional.
¿Tienen un plan concreto, a mediano y largo plazo, para sí mismos, estos dos jugadores referentes del primer plano de la política neuquina?
Obviamente, no solo construyen para hoy, para mañana, sino también para la semana que viene, para el próximo año, para los que vendrán. Figueroa irá por la reelección. Gaido no, porque cumple ya su segundo mandato. Participará, de seguro, en las listas de la competencia; pero su jugada principal no es para ahora, sino para más adelante: por eso, se ve a referentes diversos de “Primero Neuquén” recorriendo caminos (hay más que antes, pavimentados) y localidades, sembrando para una cosecha que no es, necesariamente, de recolección en 2027.
El MPN futuro juega también en estos diseños, que son, al mismo tiempo, comunes y diferenciados. Si alguien piensa que definirá nuevas autoridades solo desde una perspectiva de “recuperación” o “renovación”, está, posiblemente; equivocado: no se rifa ni se desaparece una estructura que, aun desfinanciada, aun habiendo sido derrotada, sostiene una carga histórica y política definidora de moldes que persisten.
El gran molde, el gran continente, de las fuerzas principales que sostienen gobiernos, hoy, en Neuquén, es ese modelo provincialista. Lo único que ha sucedido es que las orugas se convirtieron en mariposas, y entraron en otra dimensión.
En ese nuevo mundo, por el que vuelan, se verá cuajar el Neuquén que viene.