Es muy malo para los ciudadanos cada vez que los poderes del Estado se esfuerzan más en atender a sus propias internas que a los hechos concretos que tienen que ver con sus obligaciones; haciendo, además, en este apunte, referencia a que los poderes tienen cien por ciento de obligaciones: Todas, al servicio de la comunidad.
Estas situaciones, que se producen con más frecuencia que lo tolerable, perjudican la marcha del progreso, en esa vía que conduce a un mayor bienestar de la población. Lo único que consiguen es reforzar la importancia del palacio, antes que la de la población que vive alrededor de ese palacio y le da sustento; y, de alguna manera, constituyen una rémora de otras épocas, en las que los gobiernos eran más importantes que la gente.
En los últimos días, hubo un ejemplo de estos procederes, en el Poder Judicial, que es, de los tres, el más complicado en Neuquén, con muchas cosas sin resolver, empezando por su propio presupuesto. Un tribunal de revisión, integrado por los jueces Carolina García, Bibiana Ojeda y Raúl Aufranc, ordenó habilitar un pabellón recientemente construido en la Unidad 11. Le dio un plazo de 30 días hábiles para que así sea, al ministerio de Seguridad.
El pabellón en cuestión fue construido con presupuesto del Poder Ejecutivo, para una unidad carcelaria que necesitaba urgentemente más lugar de alojamiento. Las unidades carcelarias también dependen del Ejecutivo. ¿Por qué interviene un tribunal, que pertenece al Poder Judicial? Porque se ha registrado una tardanza, una demora. Esa tardanza fue justificada, por el Ejecutivo, al advertir que proviene de Camuzzi, la empresa de gas encargada de habilitar el suministro de ese combustible al edificio. Sin embargo, el tribunal (con voto por mayoría, porque una jueza -Carolina García- votó diferente) dispuso la orden, tajante.
¿En representación de qué, o de quién? Bueno, aquí hay que decir que, en este caso, los jueces han representado a dos detenidos en una comisaría de Plottier, pues de allí nació el reclamo, la demanda, un fallo en primera instancia, y, después, el del tribunal de revisión. En concreto: dos detenidos (dos delincuentes) obligan al Poder Ejecutivo de Neuquén a habilitar algo que el propio gobierno hizo, y que una empresa privada demoró. No importa el por qué no se ha habilitado, ni el cómo, sólo importa el cuándo. Casi una comedia de enredos, con un mensaje ciertamente siniestro en lo que hace a la salud institucional, la relación entre poderes, y el poder del diálogo sin necesidad de llegar a estos gestos ampulosos.
Es malo que ocurran estas cosas, o que se llegue (gastando plata en el camino) a estos procedimientos, que podrían fácilmente ser resueltos sin necesidad de tribunales, pues tienen que ver con dos poderes del Estado, y la relación de diálogo y positividad que debería haber entre sí, en todos los niveles.
Esto sirve, o debería servir, para entender cómo a veces la complejidad de las situaciones se combina con la sobreactuación institucional. En Neuquén no hay tiempo para oponerse al progreso, pues está urgido por su propia realidad y su propio presente; una realidad que construye, o quiere construir, no distraerse en comedias y politiquerías que escapan a las necesidades de sus ciudadanos, que tienen que ver más con “la casta” (para usar un concepto que todavía está de moda) que con el pueblo.
Se dan, estas situaciones (lo del tribunal y la U11 es solo un ejemplo, de muchos), en medio de un fragor de concretizaciones de obras nunca antes visto en la provincia, en medio de máquinas y hombres y mujeres que van y vienen trabajando intensamente, y que, más allá de equivocaciones o errores, pretenden mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos, no de algunos solamente.
Así, los gestos, las poses, la propaganda, no pueden tapar lo que realmente importa. No puede, por ejemplo, un viaje insólito de Karina Milei y Manuel Adorni, a Vaca Muerta, esconder la realidad de Vaca Muerta en sí, que no necesita diplomas ni reconocimientos, sino trabajo y políticas acordes con sus fundamentos; no necesita (¡Otra vez!) de gobiernos nacionales duraderos o fugaces que pretendan apropiarse -en la imagen- del recurso neuquino, que es del pueblo, no de los gobiernos.
Claramente, hay un divorcio entre los mezquinos intereses de cierta política, con lo que a la democracia le importa y le compete. Habrá que trabajar para afinar estas imperfecciones, que bien pueden ser consecuencias de la inercia de cosas que se han decidido en el pasado, pero que ya no le sirven a este presente. Por ejemplo, que el Poder Judicial intervenga en el tema carcelario está bien, pero mejor estaría si las cárceles dependieran de ese Poder, y que, entonces, los establecimientos fueran su responsabilidad, a ver cómo nos iría de esa manera. O que los gobiernos nacionales dejaran de “visitar” Vaca Muerta o cualquier otro recurso económico, para directamente habitarlo a través de sus reales dueños, no sintiéndose los dueños de la estancia, sino, en todo caso, y apenas, los que ayudan a administrarla, por poder delegado de los auténticos dueños.