¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

Ceuta: la tormenta perfecta que Pedro Sánchez no vio venir 

Marruecos volvió a usar la frontera como arma de extorsión y destapó las fisuras de la política migratoria española. La crisis le dio munición a todos los enemigos de Pedro Sánchez.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
Pedro Sánchez enfrenta su pero crisis desde que gobierna España
Giorgia Meloni , muy crítica con Sánchez y con su política migratoria
El de Rey de Marruecos, Mohamed VI, volvió a usar la frontera como herramienta de extorsión
Mas de 60 personas murieron intentando llegar a nada a Ceuta
La reacción del gobierno de Sánchez ante el cruce ilegal de inmigrantes llegó tarde
Se calcula que 60 mil personas cruzaron a Ceuta. La mayoría de ellos ya regresó a Marruecos

La llegada desde Marruecos de 60.000 inmigrantes ilegales al territorio español de Ceuta es, antes que nada, una tragedia humanitaria: dejó más de 60 muertos y reveló el estado de desesperación de miles de personas dispuestas a arriesgar la vida para mejorar su existencia y la de sus familias. Pero también fue el detonante de una crisis política inédita para Pedro Sánchez, y volvió a exponer una política europea fallida: la consigna anti inmigración sigue siendo el tema preferido de la política continental para ganar votos, pero nadie logra coordinar una respuesta real para conducirla.

Sánchez tomó de su propia medicina

El gobierno de Sánchez falló en toda la línea. Primero reconoció que lo agarró de sorpresa: no tenía información sobre lo que se estaba gestando en las redes sociales hacía semanas e ignoró las advertencias previas del gobierno autonómico de Ceuta que llamó la atención sobre el crecimiento de los intentos de cruce a nado de migrantes irregulares de las últimas semanas. Una ineficiencia de gestión evidente, agravada porque toda la atención del Ejecutivo estaba puesta en los incendios que devastaron España en esos días.

El golpe es especialmente duro porque toca el corazón de su política migratoria, la más abierta y flexible de Europa, y la que le viene dando réditos políticos que lo sostienen en el poder. Es el tema que Sánchez eligió para contrastar con la radicalización de Vox y del Partido Popular y, quizá, intentar mover el foco de una agenda que lo tiene en la mira por las denuncias de corrupción que lo rodean y las alianzas políticas impresentables que hace para mantenerse en el poder. Dos decisiones recientes terminaron de armar la tormenta perfecta: el 8 de julio, el Tribunal Supremo español prohibió las devoluciones en caliente de inmigrantes que intentan entrar a nado por Ceuta y Melilla —el rechazo exprés solo rige para quienes cruzan "superando los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas"—, lo que explica por qué la gran mayoría optó por el Mediterráneo y no por la frontera terrestre. A eso hay que sumarle que en abril el Gobierno anunció que comenzaba a regularizar alrededor de 500 mil inmigrantes ilegales. 

Falló la política

Detrás de la fragilidad de los controles fronterizos hay una falla política más profunda: no contemplar una posible venganza de Rabat en un contexto político enrarecido. El deterioro sostenido del vínculo con Mohamed VI, el mandamás marroquí, ya era un dato a tener en cuenta. También cómo el rey afianza su vínculo con Donald Trump, el enemigo más famoso de Sánchez. La reciente visita de Sánchez a Argelia, histórico adversario de Marruecos, terminó de tensar una relación que ya venía golpeada. 

La pasividad de las fuerzas de seguridad marroquíes deja en claro que, en el mejor de los casos, Rabat dejó hacer, y en el peor, lo impulsó. Es el arma de extorsión que Marruecos usa históricamente para marcar posición, y esta vez el Rey volvió a ganar la pulseada: Sánchez se limitó a denunciar una "violación de la integridad territorial de España" y a acusar "a las mafias que trafican con seres humanos", sin un solo reproche directo a Marruecos. El precedente ya existía: en 2021 el Rey abrió la frontera para que pasaran diez mil personas después de que España atendiera médicamente al líder del Frente Polisario, el gran rival separatista de Rabat. De estas extorsiones de Marruecos tiene que tomar nota España, pero también la Unión Europea. 

Lo enemigos no la dejaron pasar

Mientras tanto, en Italia, Giorgia Meloni encontró la oportunidad de volver al terreno donde se siente más cómoda: corrida en su país por derecha por el general Roberto Vannacci y su nuevo partido, Futuro Nazionale, la crisis de Ceuta le permitió radicalizar su discurso en un tema sensible como la inmigración. Suspendió el espacio Schengen (el área de libre circulación de personas) con España, recuperó protagonismo, y volvió a coincidir con su ex amigo Donald Trump, quien también aprovechó el episodio para advertirles a los estadounidenses que las imágenes de Ceuta podrían repetirse en Estados Unidos si los demócratas ganan las presidenciales de 2028.

La crisis debilitó a Sánchez frente a sus enemigos ideológicos, que son muchos y muy poderosos: desde la derecha española, radicalizada hace años en su discurso antiinmigrante, hasta la ultraderecha europea, que no para de crecer política y electoralmente con esa misma bandera, pasando por Trump, que no iba a perderse la chance de ver a su principal rival ideológico en Europa en una posición de extrema fragilidad. Poco importa que la gran mayoría de quienes entraron ya hayan regresado a Marruecos: el daño a la política migratoria de Sánchez está hecho, y le va a costar cicatrizar. Su gobierno quedó expuesto como uno sorprendido, ineficaz y sin argumentos para explicar lo sucedido.

La inmigración, el tema recurrente en Europa

Lo que esta crisis vuelve a mostrar es que las condiciones objetivas que empujan a miles de personas a buscar un futuro mejor —pobreza, persecución política, guerra— siguen intactas. Y sin embargo, a pesar de los discursos incendiarios de buena parte de su dirigencia, Europa en su conjunto logró reducir el ingreso de inmigrantes ilegales endureciendo sus políticas migratorias. Ahí está la contradicción que Sánchez no supo administrar: usó la inmigración como discurso político sin prever el contexto real que lo rodeaba, y terminó pagando el precio de esa distancia entre el relato y la gestión.

Mientras la inmigración siga siendo utilizada únicamente como herramienta de política electoral, España y Europa no van a poder salir de un laberinto que sigue siendo la gran deuda pendiente: todos hablan de ella pero nadie puede ni quiere resolverla.

 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD