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Crisis del PRO Río Negro y alerta máxima en el oficialismo por el Consejo de la Magistratura

La salida de Martina Lacour terminó de detonar la crisis del PRO en Río Negro: el bloque perdió poder legislativo, el sorismo avanza por un lugar clave en el Consejo de la Magistratura y el oficialismo de Alberto Weretilneck se queda sin un muro de contención política rumbo a 2027.

Sabado, 16 de mayo de 2026 a las 15:01
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La implosión del PRO en Río Negro dejó de ser una simple interna partidaria para transformarse en una crisis política con impacto directo sobre el equilibrio de poder en la provincia. La salida de Martina Lacour redujo al bloque amarillo a apenas cuatro legisladores y abrió la puerta para que el sorismo, en modo campaña y con el apoyo del peronismo aún no alineado, reclame el lugar de primera minoría en la Legislatura y, con eso, la silla que hoy ocupa Juan Martín en el Consejo de la Magistratura. Pero detrás de esa pelea institucional se esconde algo mucho más profundo: el derrumbe de una estructura política que alguna vez soñó con gobernar Río Negro y hoy pelea desesperadamente por hacer alguna alianza que le permita no desaparecer antes de 2027.

La salida de Lacour fue apenas la explosión final de una bomba que venía haciendo tic tac desde hace meses. Primero se fueron Gabriela Picotti y Claudio Doctorovich. Después llegó la ruptura definitiva de la legisladora barilochense, que decidió dinamitar públicamente a la conducción partidaria denunciando una estructura “autocrática”, manejos cerrados, bloqueo de internas y una lógica de obediencia personal que, según sostuvo, terminó expulsando a cualquiera que pensara distinto.

Y el dato duele todavía más cuando se mira hacia atrás. El PRO arrancó este período legislativo con 13 legisladores (10 propios y 3 aliados del ARI). Hoy apenas conserva cuatro soldados bajo la bandera amarilla. El resto migró, negoció o directamente salió corriendo hacia otros espacios políticos donde ven mayores chances de supervivencia.

Ahí aparece otro nombre clave de esta historia: Aníbal Tortoriello. Para el sector de Juan Martín, el diputado nacional fue el arquitecto silencioso de la rebelión interna. Lo acusan de haber financiado y articulado la lista de Lacour para boicotear la conducción partidaria. Del otro lado, los dirigentes que se alejaron del PRO aseguran que el partido se convirtió en una estructura cerrada, incapaz de discutir liderazgo, alianzas o futuro político.

La escena terminó siendo grotesca incluso para los estándares de la política rionegrina. Avales retenidos, traiciones de último minuto, candidatos que aparecieron mágicamente en la lista rival. Señala a Gastón Varela, un dirigente que estaba en la lista de Lacour, que debía llevar la documentación original a Viedma y misteriosamente apareció en la de Juan Martín tras un llamado de Mauricio Macri. Todo mientras el fundador del PRO recorre el país intentando resucitar una marca que en Río Negro parece más cerca de terapia intensiva que de un relanzamiento político.

Pero el verdadero drama no está solamente dentro del PRO. El problema también golpea de lleno al oficialismo de Alberto Weretilneck.

Porque detrás de la sangría amarilla se mueve algo mucho más delicado: el Consejo de la Magistratura. Donde hay tres lugares para legisladores, dos por la mayoría de Juntos Somos Río Negro, dos alfiles como Facundo López y Lucas Pica; y otro por la minoría, hasta ahora el PRO, con Juan Martín. Si el peronismo logra quedarse con la representación de la primera minoría legislativa, el sorismo pasaría a meter mano en el organismo que selecciona y sanciona jueces en la provincia. Y eso, en la lógica de poder rionegrina, equivale a perder una trinchera estratégica.

Por eso en Juntos Somos Río Negro observan el derrumbe del PRO con una mezcla de preocupación y cálculo político. Durante años, el bloque amarillo fue el opositor más cercano al oficialismo provincial, sin tener la figura de aliado. No sólo acompañó votaciones clave, también funcionó como una barrera de contención. Al punto que fue el propio Martín el que sorprendió al blanquear la construcción de una enorme alianza opositora en Roca que termine con los 24 años de hegemonía ininterrumpida de la familia Soria. Una idea que el gobernador suscribió y hasta se sumó el senador libertario Enzo Fullone.

Porque en la política rionegrina todos entienden que 2027 puede ser el momento para romper con la trasición familiar. Es que los Soria no tienen quien continúe el mandato: Martín es senador y Emilia no puede repetir. La intención es que vaya Carlitos, pero siempre se manejó en la oscuridad y su salida a la luz obedece más a casta que a vocación. Y se descuenta que ninguno de ellos traccionará para que el próximo intendente sea de otro partido. Los números bajos del menor de los hijos varones del Gringo, le abren una posibilidad a la oposición, que seguramente vaya unida detrás de la candidatura de Fabián Zgaib, el contador que supo ser ministro de Salud y ahora legislador provincial. 

Sin embargo, la implosión del PRO amenaza con pulverizar esa estrategia antes de que siquiera empiece a construirse. Porque mientras el macrismo se desangra en internas, monobloques y acusaciones cruzadas, Javier Milei sigue absorbiendo dirigentes, votos y estructura política a través de La Libertad Avanza y allí la figura de Ánibal Tortoriello se mantiene arriba. Aunque nadie sabe si el empresario del transporte llegará a las elecciones dentro del partido del presidente.

Ahí aparece la verdadera tragedia del PRO rionegrino. Ya no sabe qué lugar ocupa. No puede competir solo porque su caudal electoral quedó reducido a niveles alarmantes. Tampoco puede estar cerca de los libertarios por su desplante en octubre, cuando fue el primero en romper con Lorena Villaverde, a la que expuso por sus vínculos narcos. Y mientras discute su identidad, pierde dirigentes cada semana.

Mientras el PRO se desarma en fugas, traiciones y monobloques, en el oficialismo ya entendieron que el tablero cambió. El bloque dialoguista y funcional de Juan Martín no tiene la misma fuerza, justo cuando Soria endurce el discurso y expone promesas incumplidas del gobernador. Al mismo tiempo el ultrasorista, José Luis Berros se convirtió en la voz agresiva contra la conducción provincial. En ese nuevo escenario, Juntos Somos Río Negro enfrenta el problema de quedarse sin el dique político que contenga y minimice a la oposición.

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