No se lanza, pero tampoco se baja del escenario. María Emilia Soria, candidata natural del peronismo rionegrino, se mantiene en el centro, opina, participa de la agenda y mide cada paso. La jugada es evidente: sostener protagonismo sin pagar el costo de una campaña. Pero esa comodidad tiene un precio. Porque mientras la intendenta de Roca administra su exposición, el poder real en Río Negro ya está a 40 kilómetros.
La excusa pública, no competir con la euforia de la Scaloneta y el último mundial de Lionel Messi, suena más a coartada que a estrategia. En los hechos, el calendario aprieta. Si las elecciones provinciales van a abril, el llamado debe hacerse con al menos 90 días de anticipación. La cuenta no miente: quedan unos 250 días. Es decir, la campaña ya empezó. Aunque todos hagan de cuenta que no.
En ese escenario, Soria juega a una ambigüedad calculada: no confirma, se muestra lo justo, habla lo necesario y evita definiciones de fondo. Logra algo: seguir en el foco político. Pero pierde otra cosa más importante: capacidad de incidencia en las decisiones que ya se están en marcha.
Mientras Soria regula su exposición, el gobernador Alberto Weretilneck hace exactamente lo contrario: acelera. Ordena su frente interno, suma intendentes, redefine el reparto de regalías y empieza a preparar el terreno para una discusión aún más profunda: la coparticipación. En ese esquema, el mapa de ganadores y perdedores empieza a delinearse con crudeza. Y ahí aparece el dato incómodo para Roca. El nuevo esquema de regalías, impulsado por el oficialismo, amplía la base de municipios beneficiados, especialmente en el Alto Valle Oeste. En ese reparto, Cipolletti -nueva capital económica de la provincia- sale claramente fortalecida.
Pero el efecto dominó no termina ahí. La discusión que viene por la coparticipación también amenaza con reconfigurar el reparto de recursos en detrimento de ciudades que históricamente tuvieron peso, como Roca, que además podría perder participación frente al avance de otros municipios del Alto Valle Este, quienes quieren ser considerados "petroleros". Es decir: mientras la campaña no arranca, la caja ya se está distribuyendo. Las regalías energéticas y los proyectos mineros, son fuentes de ingresos y su distribución está en juego.
En el actual debate por regalías y territorio, vuelve a escena una decisión política clave: cuando era legislador provincial, Martín Soria votó a favor de la cesión del perilago de Casa de Piedra a Huergo, lo que le costó un fuerte reto de su padre Carlos Soria. Esa decisión hoy, a casi 15 años, tiene consecuencias concretas. Roca deberá resignar pozos petroleros en esa zona, en un momento donde cada metro y cada recurso cuentan.
Esta semana Soria eligió levantar el perfil con un reclamo sensible: la Ruta Nacional 22. Exige que se priorice el tramo que atraviesa Roca, pone el foco en la inseguridad vial y busca instalar la idea de una ciudad postergada frente al crecimiento de otras. El planteo tiene impacto. Pero también abre interrogantes. Porque en ese discurso no aparece una autocrítica sobre decisiones del pasado. El tramo de la postergada e interminable autopista estuvo frenado durante años, en parte por acciones judiciales impulsadas desde su propio espacio político. No hubo una presión sostenida a Nación cuando la Casa Rosada era peronista y su hermano, Martín Soria, era una figura central en la gestión de Alberto Fernández.
Del otro lado, Weretilneck juega fuerte. Para adentro, apuró el cambio de autoridades partidarias, dejó afuera figuras históricas y pretende que el camino hasta las elecciones cure a los heridos y se termine la interna desatada en Juntos Somos Río Negro. Para afuera, entiende la estrategia de Soria y evita confrontarla directamente. No hay choques frontales. Las críticas no se provincializan. Y cuando mercen respuesta, bajan un escalón. Ahí entra en escena Rodrigo Buteler, intendente de la ciudad que hoy marca el pulso económico y político, y nuevo conductor de Juntos Somos Río Negro. Es él quien responde, quien polemiza, quien absorbe el desgaste y quien dice que las declraciones de la menor de los Soria, son electoralistas. La jugada es clara: el gobernador se preserva, el conflicto se administra y el poder se construye desde el territorio.
A la espera de definiciones, hay puja por la figura que acompañará a Soria en la lista como Vice, y puertas adentro miden fuerzas. Cada sector se considera con méritos para ocupar el segundo lugar. Y todos coinciden en que no hay fórmula competitiva sin unidad. Tarea difícil en el PJ.
En el peronismo crece la ansiedad. Quieren definiciones, nombres, certezas. Como si todo tuviera que confirmarse ya. Un reclamo desmedido, porque hasta Messi mantiene la incertidumbre con el Mundial, aunque falten apenas 50 días. Porque todos saben que va a estar. Soria va a jugar en 2027. La discusión no es esa. La discusión es otra: qué pasa mientras tanto.
Porque mientras llega la confirmación, el poder no se congela. Se mueve, se reparte y se redefine. Y a esa altura, lo verdaderamente importante ya no será quién juegue sino en qué condiciones le toca hacerlo.