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Una Feria que convierte a la lectura en un gran encuentro colectivo

La Feria Internacional del Libro de Neuquén volverá a poner a la ciudad en el centro de la escena cultural patagónica. Diez días para encontrarse con escritores, descubrir historias, conversar, debatir y, sobre todo, recuperar ese maravilloso hábito de abrir un libro y dejarse llevar.

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Neuquén se prepara para vivir otra gran fiesta cultural: los libros, los autores y los lectores vuelven a encontrarse.

Hay ciudades que tienen una fiesta de la cerveza, otras una fiesta de la vendimia, algunas celebran la música, la nieve o la gastronomía. Neuquén tiene, entre otras cosas, una fiesta de los libros. Y no es poca cosa. 

Porque caminar entre stands repletos de ejemplares, cruzarse con escritores y escritoras que alguna vez leímos, revolver una mesa de ofertas en busca de ese “tesoro” que no sabíamos que estábamos buscando, sentarse en un rincón con el libro recién comprado o entrar a una sala y encontrarla llena para escuchar a un autor son escenas que, de algún modo, dicen mucho de una ciudad.

La Feria Internacional del Libro de Neuquén se ha convertido, con el paso de los años, en uno de los acontecimientos culturales más importantes de la Patagonia. Lo que resulta interesante es que no parece conformarse con lo conseguido. Cada edición intenta crecer, sumar invitados, incorporar nuevas propuestas, ampliar públicos y mejorar la organización.

Porque organizar una feria de estas características no consiste simplemente en llenar un predio de stands y programar algunas presentaciones. Hay detrás una enorme tarea de producción, selección, logística y, fundamentalmente, una decisión política y cultural: apostar a que los libros, la lectura y el encuentro entre autores y lectores siguen siendo necesarios.

La próxima edición, la XIII Feria Internacional del Libro de Neuquén “Marcelo Martín Berbel”, volverá a mostrar esa vocación de crecimiento. Bajo el lema “Libros que transforman, una ciudad en movimiento”, la propuesta se extenderá durante diez días, del 11 al 20 de septiembre, con epicentro en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Las cifras impresionan: 140 presentaciones de libros, más de 50 actividades para visitas escolares, talleres, charlas, espectáculos familiares y alrededor de 200 propuestas culturales. Habrá 95 stands y la participación de 150 librerías, editoriales y expositores.

Pero quizás el dato más significativo no sea ninguno de esos números. Es que hubo más de 600 postulaciones. Detrás de esa cifra hay escritores que quieren estar, editoriales que quieren participar, librerías que quieren vender sus libros y lectores que esperan encontrarse con todo eso. Una señal de que la Feria de Neuquén consiguió algo que no siempre es fácil: generar expectativa. También consiguió algo todavía más importante: que muchos escritores quieran estar.

Un libro no termina cuando sale de una imprenta. En realidad, ahí empieza otra historia. La que se construye cuando alguien lo abre, cuando una persona encuentra una frase que le queda dando vueltas, cuando un lector discute con el autor sobre un personaje, cuando un escritor descubre que aquello que escribió en soledad produjo algo en alguien que vive a miles de kilómetros.

La literatura también necesita esos encuentros. La Feria los propicia.

En tiempos en los que tantas veces se habla de que se lee menos, quizás una buena manera de responder sea justamente esta: poner miles de libros al alcance de miles de personas.

Un escritor consigue que durante algunas páginas abandonemos nuestro mundo para entrar en otro que fue creado por alguien más. Es un mecanismo sencillo y, al mismo tiempo, profundamente misterioso. Y tiene una particularidad extraordinaria: está al alcance de todos.

Por todo eso, cuando llegue septiembre, valga la pena dejar por un rato las apuradas cotidianas, entrar al predio, mirar los libros, escuchar alguna charla, curiosear entre los stands y dejarse tentar. Tal vez salgamos con un libro debajo del brazo y con esas ganas inexplicables de llegar a casa, abrir la primera página y empezar a leer. Eso, en estos tiempos, también es una forma de celebrar.

 

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