"El Próximo Paso" es la consigna con la que Juan Martín asume otro mandato al frente del PRO de Río Negro. ¿Hacia dónde? Porque días antes, en la Legislatura, dio una pista: se paró frente a los referentes de ATE y les habló en el idioma de Javier Milei y Patricia Bullrich. El escenario no fue casual. Mientras votaba a favor del pase a planta de 4.200 estatales, decidió hablarles a los sindicalistas para ser tenido en cuenta por los libertarios.
Las gradas de la Legislatura estaban colmadas por la marea verde del sindicato. El acuerdo entre Alberto Weretilneck y el líder de ATE nacional, el huerguense Rodolfo Aguiar debía ser ratificado por ley. Con la aprobación garantizada (finalmente fue 38 a 7), Martín quiso transformarse en viral. Interrumpió el hilo de su discurso y se dirigió directamente hacia ahí arriba.
Ponderó a Javier Milei y a Patricia Bullrich, símbolos de La Libertad Avanza. "Por primera vez en esta provincia crece el empleo privado. ¿Saben por qué? ¡Por el presidente Milei, chicas! ¡Por la energía, por la Ley Bases, por el RIGI!", lanzó desde su banca.
Después vino Bullrich. Y el protocolo antipiquetes. "Por suerte Patricia Bullrich puso bastante orden en la calle y ustedes ya no hacen manifestaciones jodiéndole la vida a la gente. Por suerte tenemos protocolo antipiquete ahora, y ustedes están al costadito", disparó. La respuesta fue una silbatina que no paró. Después les dijo que eran "fieles exponentes de la violencia" y les sugirió que podían seguir el debate "por Internet" mientras "estaban laburando".
Y sin embargo, votó a favor. El mismo legislador que los cruzó a los gritos terminó acompañando con su voto el proyecto que esos trabajadores habían ido a reclamar. La contradicción no parece haberle molestado demasiado: primero el exabrupto, la pelea, el show para las cámaras; después apretó el botón del voto positivo.
No fue una defensa del PRO. Fue otra cosa. Martín entiende dónde están hoy los votos que le dieron una bancar y decidió hablar su idioma. El problema es que mientras lo hace conduce el partido que, justamente, perdió buena parte de ese electorado.
Ya sin Aníbal Tortoriello, ahora figura electoral de LLA que crece en estructura, sumando legisladores y referentes de distintos sectores, aparece una pregunta obligada: ¿Martín quiere recuperar al PRO o quiere conseguir un lugar dentro del armado libertario?
Porque mientras preside el PRO, su discurso parece una súplica para que lo tenga en cuenta Enzo Fullone, el senador libertario que hoy conduce el armado de La Libertad Avanza en la provincia. mostrarse como un dirigente compatible con ese espacio puede ser mucho más importante que reivindicar una identidad partidaria que hoy tiene poco para ofrecer.
Y no es la única apuesta de Martín. Semanas atrás ya había levantado la mano para encabezar un frente amplio en Roca, la ciudad que la familia Soria gobierna desde 2003. Se autopostuló como candidato a intendente de esa coalición antisorista, pensada para reunir bajo un mismo sello a todo el arco opositor: PRO, Juntos Somos Río Negro y, eventualmente, LLA. Ahí también, se ofreció primero y esperó después. El patrón se repite: cada vez que hay un espacio para ocupar, no espera que se lo ofrezcan.
Encima, Mauricio Macri estuvo en Bariloche, jugó al pádel y evitó definiciones políticas nacionales y provinciales. Estuvo en el Club Nahuel Huapi, con un grupo de amigos, y también volvió a esquiar en el Cerro Catedral después de más de veinte años. Habló de infraestructura vial, de Boca Juniors, del futuro turístico de la ciudad. Pero del PRO rionegrino, apenas una frase.
Evitó, incluso, respaldar a Martín. Lo definió como "un gran valor", pero no quiso confirmar una eventual candidatura a gobernador para 2027. Elogio sí. Bendición electoral, no.
Ahí está, en definitiva, el verdadero cálculo de Juan Martín. No confía en que el PRO nacional le resuelva el problema: ni Macri lo unge, ni el partido en Río Negro tiene con qué disputarle nada a nadie. Entonces construye por afuera. Habla el idioma libertario en la Legislatura, se postula solo para pelear Roca, y sostiene un cargo partidario que cada vez representa menos. No es contradicción, es método: mientras el PRO se apaga como fuerza propia en la provincia, Martín negocia dónde permanecer.