Ha sido una gran noticia para Argentina, y lo es para Neuquén, el fallo de la cámara de apelaciones de la justicia estadounidense que anuló la primera sentencia contra YPF. Esos más de 16 mil millones de dólares pesaban, y mucho. Era la espada de Damocles sobre la seguridad jurídica nacional, y un impedimento, objetivo, para que avanzaran más inversiones en el país y la provincia.
Pero, claro, la noticia se vivió aquí como se suelen vivir todas las cosas, a través del tamiz del ejercicio político de la coyuntura. Así, el gobierno de Milei se permitió una cadena nacional para destacar que, supuestamente gracias a su gestión, se había eliminado la amenaza sembrada en el fértil campo de los buitres por Cristina Kirchner y Axel Kicillof; mientras que éstos, al revés, interpretaron que lo que se demostraba era que siempre habían tenido razón, y que el país no sufriría ningún daño (sino que se beneficiaría) por la expropiación practicada sobre lo que fue Repsol-YPF, en la prehistoria de Vaca Muerta.
Increíblemente, se demuestra una vez más que las cuestiones estructurales, atinentes al desarrollo del país, quedan sujetas a la miserable pelea por unas próximas elecciones. El fallo judicial en el tema YPF-Argentina, parece el botín a ganar en una guerra librada principalmente entre el probable candidato que presentará el peronismo en 2027, Axel Kicillof, y quien represente a la continuidad del actual gobierno libertario, sea el propio Javier Milei o algún otro/a.
Se soslaya, así, lo importante: el recurso, y a quién pertenece ese recurso, y cómo se originó. Cuando se les buscan respuestas sinceras e históricamente probadas a esos interrogantes, se descubrirá fácilmente que aparece el nombre de Neuquén.
Neuquén, propietario del recurso; Neuquén como precursor del proceso que parió Vaca Muerta. Neuquén, en definitiva, como ese territorio político singular que ha peleado denodadamente por sostener una seguridad jurídica que el propio país rifó en más de una oportunidad, en la tómbola electoral de su frágil democracia.
La única victoria en este tema, pues, debería atribuírsele a esta provincia, que inició Vaca Muerta cuando gobernaba Jorge Sapag, la continuó con los gobiernos de Omar Gutiérrez, y ahora lo sigue haciendo con Rolando Figueroa; tres gobiernos distintos, con distintos enfoques, distintos aciertos y diversos errores, que supieron mantener, más allá de sus diferencias, el recurso económico y sus posibilidades en alto, por sobre las mezquindades; y, sobre todo, resguardándolo de la crónica incomprensión nacional acerca del valor de tener una política de Estado que sostenga las razones esenciales del progreso económico.
El fallo en instancia de apelación de la justicia estadounidense debería celebrarse por la enorme oportunidad que vuelve a abrir para la economía argentina, y cargar en esta circunstancia todo el peso de la convicción y de la fuerza de la representación popular.
Debería servir, además, para entender la real importancia federal de los hechos económicos: nadie mejor que el dueño del recurso para defender el recurso; y profundizar este camino desde lo institucional, pues todavía hay equívocos, acerca de la dimensión que tiene, entender el rol esencial de las provincias en el desarrollo pleno de la producción nacional.
Mientras ocurría lo del fallo de YPF, el gobernador neuquino venía de avanzar, en Houston, y antes, en Nueva York, con tratativas con más inversores que están pronto a poner su dinero en Vaca Muerta. Neuquén prepara la licitación de 15 nuevas áreas. Será, con seguridad, un muy buen negocio para el presente, y para el futuro, de la provincia.
Estas cuestiones no otorgan un certificado de calidad sobre el gobierno de turno; ni, mucho menos, garantizan el logro de los profundos objetivos de la sociedad: Hay mucho para hacer, mucho para mejorar, y mucha cosa mala que sigue pesando sobre la frágil democracia, que mantendrá tal calificación (al menos para este editorialista) hasta que pueda demostrar, realmente, su eficacia en la mejora de la calidad de vida de la gente.
En este camino, sería muy bueno que, tanto Milei como Kicillof, tuvieran en cuenta que, sin Neuquén, ninguno de sus argumentos tendría sentido.