Hay momentos en la historia de una provincia en los que resulta necesario detenerse, mirar alrededor y preguntarse hacia dónde estamos caminando. Creo que Neuquén está atravesando uno de esos momentos. Porque estamos acostumbrados a hablar de récords de producción petrolera, de inversiones millonarias, de exportaciones, de gasoductos, de nuevas perforaciones y de una formación geológica que se ha convertido en una de las grandes esperanzas económicas de la Argentina.
Hablamos de Vaca Muerta. Hablamos de una riqueza que durante décadas estuvo debajo de nuestros pies y que hoy comienza a transformar, de manera acelerada, la realidad de nuestra provincia. Pero hay una pregunta que merece ocupar un lugar tan importante como las cifras de producción. ¿Para qué queremos esa riqueza? ¿Para exhibir estadísticas? ¿Para celebrar anuncios de inversiones? ¿Para convertirnos en una potencia energética?
Todo eso puede ser importante. Pero sería insuficiente si no lográramos algo mucho más trascendente: que esa riqueza mejore la vida de quienes habitan Neuquén. Y justamente por eso me parece interesante detenernos en la presentación del programa Neuquén Vive, realizada por el gobierno provincial. Un plan que proyecta inversiones por alrededor de 450 millones de dólares, destinadas a obras vinculadas con la cultura, el turismo, el deporte y los espacios de encuentro comunitario. Son cifras enormes. Cifras que impresionan. Pero lo más importante de Neuquén Vive no debería ser la cantidad de millones anunciados. Lo verdaderamente importante es la idea de provincia que esas obras pueden ayudar a construir. Porque hay una diferencia profunda entre crecer económicamente y desarrollarse como sociedad.
Hablamos de Vaca Muerta. Hablamos de una riqueza que durante décadas estuvo debajo de nuestros pies y que hoy comienza a transformar, de manera acelerada, la realidad de nuestra provincia. Pero hay una pregunta que merece ocupar un lugar tan importante como las cifras de producción. ¿Para qué queremos esa riqueza? ¿Para exhibir estadísticas? ¿Para celebrar anuncios de inversiones? ¿Para convertirnos en una potencia energética?
Una provincia puede producir más petróleo, puede recibir más inversiones, recaudar más recursos y, sin embargo, seguir teniendo desigualdades y familias que sienten que el progreso pasa cerca de sus casas, pero nunca termina de entrar. Ese es el desafío que tenemos por delante. Y no es un desafío exclusivo de este gobierno. Es un desafío histórico de Neuquén.
Durante años hemos discutido cuánto petróleo producimos, cuánto gas extraemos y cuánto dinero ingresa a las arcas provinciales. Pero quizás no hemos discutido con la misma intensidad qué hacemos con esos recursos y cómo conseguimos que se conviertan en oportunidades duraderas. Porque el petróleo se extrae, el gas se comercializa, los precios internacionales suben y bajan, las inversiones atraviesan ciclos pero una comunidad necesita construir algo que permanezca.
Necesita que esas oportunidades no dependan exclusivamente de vivir en la capital o cerca de un yacimiento.. Por eso, cuando se anuncia un programa que incorpora centros deportivos, natatorios, paseos costeros, infraestructura turística y espacios para actividades culturales, vale la pena mirar más allá de la fotografía oficial. Vale la pena preguntarse qué puede significar cada una de esas obras en la vida cotidiana de una localidad.
Pensemos, por ejemplo, en un natatorio. Desde una oficina puede parecer simplemente una obra más dentro de un presupuesto pero para una familia del interior puede representar la posibilidad de que sus hijos aprendan a nadar. Para una persona mayor, un espacio de actividad física. Para alguien que necesita rehabilitación, una alternativa cercana, siempre que existan las condiciones profesionales y de acceso necesarias. Para un chico con talento deportivo, la oportunidad de descubrir una vocación que de otra manera quizás nunca hubiera conocido.
Pensemos en un centro deportivo comunitario. No se trata solamente de levantar paredes, colocar pisos o instalar tribunas. Se trata de crear un lugar donde los jóvenes puedan encontrarse, entrenar, aprender a compartir reglas y descubrir que hay proyectos posibles más allá de una pantalla. El deporte no resuelve por sí solo los problemas sociales, sería ingenuo afirmarlo pero puede convertirse en una herramienta importante de inclusión, convivencia y formación. Eso merece ser valorado.
Pensemos, por ejemplo, en un natatorio. Desde una oficina puede parecer simplemente una obra más dentro de un presupuesto pero para una familia del interior puede representar la posibilidad de que sus hijos aprendan a nadar. Para una persona mayor, un espacio de actividad física. Para alguien que necesita rehabilitación, una alternativa cercana, siempre que existan las condiciones profesionales y de acceso necesarias. Para un chico con talento deportivo, la oportunidad de descubrir una vocación que de otra manera quizás nunca hubiera conocido.
Lo mismo ocurre con la cultura. A veces hablamos de ella como si fuera un lujo, como si un museo, una biblioteca, un centro cultural o un escenario fueran cuestiones secundarias frente a las grandes necesidades materiales. Y no es así. La cultura es parte de la identidad de un pueblo, es memoria, es pertenencia, es una forma de reconocernos. Una provincia que crece económicamente, pero descuida su cultura, corre el riesgo de volverse más rica sin comprender mejor quién es.
Y Neuquén tiene una historia extraordinaria para contar. La historia de sus pueblos originarios, la de quienes poblaron el territorio, la de los trabajadores que construyeron caminos, levantaron escuelas y desarrollaron nuestras ciudades. La de las familias que llegaron buscando un futuro, la de los artistas que encontraron inspiración en esta tierra, la de los científicos que estudian nuestro patrimonio natural, la de una sociedad que se fue formando con identidades diversas y que hoy necesita espacios para encontrarse. Por eso, cuando se habla de infraestructura cultural, también se está hablando de preservar y proyectar esa identidad.
Algo parecido sucede con el turismo. Neuquén tiene una geografía privilegiada. Pero el turismo no crece de manera sostenible solamente porque tengamos paisajes hermosos. Necesita que las comunidades locales participen de los beneficios porque un proyecto turístico no debería medirse únicamente por la cantidad de visitantes que llegan.
Pensar el turismo como parte del desarrollo provincial tiene un valor estratégico. Neuquén tiene que aprovechar la riqueza del petróleo y del gas para construir una economía que no dependa solamente del petróleo y del gas. Parece una contradicción pero no lo es. Es una de las decisiones más importantes que puede tomar una provincia productora de recursos naturales.
Nuestra provincia tiene necesidades urgentes. Hay familias que encuentran enormes dificultades para acceder a una vivienda. Hay localidades que necesitan ampliar sus servicios, hay escuelas que deben acompañar una población en crecimiento, rutas que necesitan mejoras para responder al tránsito cotidiano y a la actividad productiva.
Nuestra provincia tiene necesidades urgentes. Hay familias que encuentran enormes dificultades para acceder a una vivienda. Hay localidades que necesitan ampliar sus servicios, hay escuelas que deben acompañar una población en crecimiento, rutas que necesitan mejoras para responder al tránsito cotidiano y a la actividad productiva.
Hay trabajadores para quienes el costo de vida sigue siendo una preocupación permanente. Todo eso existe. La riqueza crece. Pero las necesidades no esperan. Esa frase debería acompañar cualquier discusión sobre el futuro de Neuquén porque sería un error enfrentar unas necesidades con otras. No se trata de elegir entre un hospital y un centro deportivo como si ambos fueran necesariamente incompatibles.
No se trata de despreciar la cultura porque hay problemas de vivienda. Ni de considerar secundario el deporte porque todavía existen dificultades en educación. Se trata de establecer prioridades, administrar bien los recursos y comprender que una sociedad necesita respuestas en distintos planos. La discusión responsable consiste en determinar qué hace falta en cada lugar, cuánto cuesta, cómo se financia y cómo se sostiene en el tiempo. Porque aquí aparece una advertencia que no debería interpretarse como una crítica destructiva.
Anunciar una obra es importante. Terminarla es indispensable. Con el Plan Neuquén Vive, el gobierno de Rolando Figueroa propone una línea de inversión que merece atención precisamente porque incorpora dimensiones del desarrollo que muchas veces quedan relegadas detrás de los grandes indicadores económicos. Eso no significa extender un cheque en blanco. Significa reconocer que la orientación de una política pública puede ser interesante y que su evaluación definitiva dependerá de los resultados. También sería deseable que este programa se pensara con una perspectiva verdaderamente provincial. Porque Neuquén no termina en la capital ni empieza y termina en Añelo. Neuquén también es el norte, es la zona centro, es la cordillera. Son las localidades pequeñas. Son los parajes y una política de desarrollo territorial debería procurar que las oportunidades lleguen también a esos lugares.
Los 450 millones de dólares es una cifra que impresiona. El dinero es un instrumento no es el resultado. El resultado será que una comunidad tenga mejores oportunidades durante mucho tiempo, Neuquén soñó con convertirse en una provincia capaz de ocupar un lugar central en la economía argentina
Que vivir lejos de la capital no signifique resignarse a tener menos oportunidades porque el desarrollo verdadero no puede depender exclusivamente de una gestión, tiene que convertirse en una construcción colectiva. Algo que la sociedad reconozca como propio y que las administraciones futuras puedan continuar, mejorar y ampliar. Los 450 millones de dólares es una cifra que impresiona. El dinero es un instrumento no es el resultado. El resultado será que una comunidad tenga mejores oportunidades durante mucho tiempo, Neuquén soñó con convertirse en una provincia capaz de ocupar un lugar central en la economía argentina. Hoy ese sueño tiene una dimensión concreta. Vaca Muerta nos dio una oportunidad extraordinaria pero la historia no va a juzgarnos solamente por los barriles de petróleo que hayamos producido. Ni por los metros cúbicos de gas que hayamos extraído.
La historia también va a preguntarnos qué hicimos con todo eso. Neuquén tiene una riqueza extraordinaria debajo de la tierra. La gran tarea de nuestro tiempo es conseguir que esa riqueza se convierta en una vida mejor para quienes caminan sobre ella que los millones anunciados se transformen en obras, que las obras se transformen en oportunidades y que las oportunidades se transformen en bienestar. Porque una provincia no es verdaderamente grande por todo lo que puede extraer de su suelo, es grande por todo lo que es capaz de sembrar en su gente.