La decisión de Irán de cerrar nuevamente el estrecho de Ormuz, menos de 24 horas después de haber anunciado su apertura, le arruinó los planes a Donald Trump, que veía muy cerca la posibilidad de alcanzar un acuerdo para terminar la guerra y ocuparse de otros asuntos, sobre todo domésticos. Parecía que Irán se conformaba con haber logrado que Trump presionara a Netanyahu para conseguir un cese del fuego entre Israel y Líbano, para que su socio Hezbolá dejara de sufrir por un tiempo los ataques de Israel, que estaba, y sigue estando, decidido a hacer todo lo que esté a su alcance para terminar definitivamente con esa amenaza. Pero ayer quedó claro que Irán quiere más para acabar con el conflicto.
Trump y el régimen suben la apuesta
Trump reaccionó con prudencia, pero advirtió que no se dejaría chantajear. Irán parece buscar subirse el precio en la negociación final, sobre todo luego de escuchar a Trump adelantar que más que un acuerdo lo que se va a presentar es una capitulación iraní. En sus propias palabras, Teherán entregaría el control de la reserva de casi 2.000 kg de uranio enriquecido almacenado en sus instalaciones nucleares subterráneas, en particular los 450 kg enriquecidos al 60% de pureza denunciados por el OIEA, y abandonaría cualquier ambición de desarrollo nuclear a cambio de dinero y del descongelamiento de activos, algo que el régimen necesita con urgencia.
Si bien la crisis económica es gravísima y el régimen necesita que se levanten las sanciones, aceptar esas condiciones le costaría muy caro en términos políticos internos. Haber quedado en pie es un argumento, pero necesita algo más. Por eso decidió utilizar la herramienta que más resultado le dio en esta guerra y que provocó crisis importantes en los mercados mundiales: el control del estrecho de Ormuz. Y fue más allá: atacó varios buques petroleros. Trump, por su parte, le dio argumentos al mantener cerrados los puertos iraníes para todo cargamento que entre o salga, una medida muy efectiva que no levantó porque cree que le sirvió, asfixiando todavía más la economía del régimen, para llevar la negociación a los términos que él quiere.
El viernes Trump parecía tener todo encaminado: había alineado a Netanyahu para que dejara de atacar Líbano y aceptara un cese del fuego, y celebró el tuit del canciller iraní anunciando la apertura de Ormuz. Pero duró poco. En las últimas horas está evaluando qué hará y convocó a sus asesores para decidirlo. La opción militar, la menos deseada, vuelve a estar sobre la mesa.
Los esfuerzos de la diplomacia
Son horas decisivas. El anuncio del nuevo cierre del estrecho y los ataques iraníes contra varios buques en ese paso marítimo complicaron todo: en tres días expira el alto el fuego y todavía no hay fecha para un segundo encuentro destinado a firmar el Memorándum de Entendimiento de tres páginas que, al menos, estiraría el cese del fuego y sentaría las bases generales de un posible acuerdo permanente.
En la Casa Blanca se pasó del optimismo a reconocer que, si la situación no se acomoda en las próximas horas, la guerra podría reanudarse. Pakistán, con el apoyo de Egipto y Turquía, redobla los esfuerzos para que la situación no se desmadre y trabaja en acercar las posiciones de las partes. La clave es saber hasta dónde Trump está dispuesto a ceder en sus exigencias sin quedar políticamente expuesto, sobre todo luego de haber proclamado que Estados Unidos tenía el control absoluto en la mesa de negociación. Nada dijo sobre qué establece el Memorándum respecto a los misiles balísticos de Irán y su apoyo a los grupos armados de la región.
Las partes, de cara al vencimiento del ultimátum
La decisión de Irán sobre Ormuz respondería también a una disputa interna cada vez más expuesta entre sectores que rechazan un acuerdo en los términos planteados, además de las diferencias que persisten sobre el enriquecimiento de uranio y sus reservas. Israel sigue todo esto con atención: de lo que diga el acuerdo dependerá hasta qué punto Trump tuvo en cuenta su principal preocupación, que es que Irán no conserve uranio enriquecido y renuncie a cualquier desarrollo nuclear. Israel teme que Irán haga lo que históricamente hace cuando logra sobrevivir a una crisis: acepta las condiciones, espera que Washington quede conforme y después vuelve a los de siempre: acopiar misiles y buscar poder nuclear.
A Trump le interesa Ormuz para normalizar los mercados, algo que empezó a suceder el viernes pero no se consolidó, y necesita además que el despliegue militar concluya eliminando también la amenaza de un Irán nuclear, que preocupa no solo a Israel sino también a sus aliados en las monarquías petroleras del Golfo, que están pagando un alto costo por esta guerra. Las conversaciones se mantienen en pie y muy pronto se sabrá si ambas partes seguirán adelante. Es lo que quieren, pero no necesariamente lo que va a pasar.