Hay una notable persistencia mediática -liderada por las redes digitales, ese periodismo sin periodistas- en dibujar la realidad de acuerdo con la inconveniencia o conveniencia respecto de lo que se prepara como menú para la oferta electoral de 2027.
A nivel nacional, curiosamente el rubro de mayor experiencia del gobierno de los hermanos Milei, la economía, es la que se le devuelve con su rostro oscuro para oponer, y sumar masa crítica, por parte de una oposición que sigue girando alrededor de esa gama de grises que es actualmente el peronismo; todo se discute en base al concepto de sensibilidad, y la presunta falta de esa cualidad que tiene la administración libertaria.
En Neuquén, es más o menos lo mismo, pero flexible a los vaivenes ideológicos. Cuando el gobierno de Figueroa aparece coincidiendo con el de Milei, se encrespan el peronismo y la izquierda; y cuando se diferencia con posturas contrarias, la derecha libertaria sale a cuestionar presunta ineficacia respecto del gasto público y otras cuestiones afines a la muchachada del libre mercado.
En la última semana, la novedad ha pasado por el retorno a la actividad política con presunta mira electoral del ex gobernador Jorge Sobisch: todos miraron lo que sucedió con eso, un acto en Centenario, con un vago amague apuntado centralmente al MPN, encarando por la cancha abierta que deja la prescindencia partidaria oficial -en candidaturas- respecto de la competencia electoral el año próximo, ya que el añejo partido provincial lo único que ha definido -desde su nueva conducción- es que respaldará la reelección de Figueroa.
Pero todo lo que se hace apuntado a la política, en algún punto tiene que centrarse en la realidad del contexto, en el humor social, en la evolución de los datos que ilustran sobre el desempeño de las gestiones. Allí no hay redes sociales que valgan, pues las mentiras que abundan en las publicaciones, fatalmente tienen patas cortas, como cualquier mentira, sea real o virtual.
Así, a nivel nacional, contrastan los anuncios de inversiones muy importantes, especialmente para el gran negocio de Vaca Muerta, y el avance de actividades económicas como el agro, la minería, y la energía; con la realidad del crecimiento de la pobreza, que registró en la última medición 32,3 por ciento, un incremento de 4,1 puntos porcentuales respecto del segundo semestre del año pasado.
Se acrecienta así la grieta que hay entre la macro y la micro, una contradicción que el gobierno de los Milei parece no poder resolver en lo inmediato; y, que, cada tanto, se profundiza con errores no provocados, errores propios, como el de la ley de financiamiento del área discapacidad, algo que llama la atención, pues tanta torpeza junta no ha sido habitual en la historia de la política argentina.
Pero, en Neuquén, la realidad es otra. Aquí, la pobreza midió en el primer semestre del año, en el aglomerado Neuquén-Plottier, que es el que cuenta para el INDEC, 19,6 por ciento, casi tres puntos porcentuales menos que el último semestre del año pasado. Es un dato al que debe otorgársele importancia objetiva, pues, de hecho, niega la afirmación acerca de que Vaca Muerta “no derrama” sobre la sociedad provincial. ¿O acaso hay otra explicación más que la que indica que es la actividad económica generada por los hidrocarburos, la que posibilita un descenso de la tasa que mide esa cuestión social?
Otra vez hay que ir a los datos fríos de las mediciones estadísticas oficiales, para observar cómo el desempleo, a nivel nacional, fue, en el último trimestre, de 7,9 por ciento; mientras que, en Neuquén, el porcentaje fue de 3,2 por ciento.
Nótese la coincidencia estadística comparativa, entre pobreza y desempleo, y el contraste del promedio nacional con el promedio neuquino: no hay invento mediático que valga en este sentido, pues es una especie de disparate retórico entre los adjetivos y los sustantivos, una mala construcción gramatical que no sirve para observar la realidad con la objetividad necesaria.
En este contexto, todavía falta tiempo, y precisión, en los mensajes electorales; pues la realidad podrá, y seguramente será así, ir cambiando drásticamente de aquí a la etapa competitiva propiamente dicha.
Por lo pronto, el gobierno de Figueroa lanzó una campaña amparada por el número 1.000, focalizada, centralmente, en la gestión de obra pública. Se percibe que es solo una primera etapa, rumbo a la consolidación de una tarea pro reelección.
Más allá de estas prevenciones sobre todo lo que falta, es aceptable vaticinar que los electores juzgarán gestiones de gobierno, antes que simpatías o antipatías, en 2027. Y esta modesta profecía, vale tanto para el país como para lo que ocurra en Neuquén.