La morosidad dejó de ser un problema menor para convertirse en un foco de preocupación en el sistema financiero argentino. Actualmente, los impagos en créditos otorgados a familias superan el 10%, un umbral que el sector considera crítico, ya que al cruzarlo, el problema adquiere un carácter sistémico.
Este deterioro crediticio también afecta a las empresas. Según la consultora 1816, la mora se triplicó en el último año, generando una tensión generalizada en la economía que impacta con fuerza en las billeteras virtuales, entre ellas Ualá.
En particular, Ualá concentra la atención por la magnitud y composición de su cartera morosa. En el segmento bancario, la mora ronda el 43%, mientras que en el negocio no financiero, que opera fuera del ámbito regulado, la mora alcanza un alarmante 63%. Este último segmento tiene mayor riesgo y menor capacidad de control.
El sistema de riesgo crediticio de Ualá mostró fallas significativas. A diferencia de los bancos tradicionales, las fintech carecen de mecanismos efectivos de cobranza como la cuenta sueldo o el débito automático. Dependen exclusivamente de que el usuario transfiera el dinero para cumplir con sus pagos, y cuando ese vínculo se pierde, la mora crece rápidamente.
Además, muchos usuarios optaron por la estrategia de "si desinstalo la app, no debo nada", lo que agravó el problema de impagos. Ualá no tiene la facultad de debitar de otras cuentas ni retener salarios, por lo que depende totalmente de la voluntad de pago de sus clientes.
Esta limitación marca una diferencia clave con el sistema bancario tradicional, donde la mora suele activarse cuando el cliente ya enfrenta presión judicial o tiene ingresos comprometidos. En los bancos, una mora del 10% a 12% es considerada alta, y a menudo los deudores ya están en proceso de embargo. En el crédito al consumo, la situación puede ser aún más grave, con casas de electrodomésticos registrando hasta la mitad de su cartera en mora.
En este contexto, el aumento de reclamos contra Ualá en redes sociales funciona como un indicador de la crisis. Usuarios reportan no poder acceder a sus fondos, pagos rechazados pese a tener saldo, demoras en acreditaciones de varios días y falta de respuesta en los soportes técnicos. La percepción generalizada es que Ualá está cubriendo los baches de la mora con fondos propios de los clientes, lo que está erosionando la confianza en la empresa fundada por Pierpaolo Barbieri.
Tras resultados negativos en México, Ualá anunció un recorte del 9% de su plantilla laboral en la región. A esto se suman problemas internos, como recortes en áreas técnicas que comienzan a reflejarse en fallas y bugs en la plataforma.
La expansión regional también dejó heridas abiertas. En México, la fintech tuvo que enfrentar regulaciones estrictas y resultados por debajo de lo esperado, lo que complicó su crecimiento.
En medio de esta situación, la empresa cerró una ronda de capitalización por aproximadamente 195 millones de dólares, liderada por un fondo internacional. Este respaldo financiero es una señal de confianza, pero también evidencia que el negocio requiere sostén ante el deterioro de la calidad de su cartera.
El contraste es evidente: mientras Ualá continúa atrayendo inversión, su base de usuarios enfrenta ingresos frágiles, tasas elevadas y una capacidad de repago cada vez más ajustada. Esto refleja un sistema que se expandió más rápido de lo que su estructura de control pudo soportar.