Un informe elaborado en base a datos del Banco Central de la República Argentina encendió una señal de alerta sobre la situación financiera de los hogares: la morosidad volvió a subir en febrero y alcanzó el 11,2%, acumulando 16 meses consecutivos de incremento.
El dato refleja un deterioro sostenido en la capacidad de pago de las familias. Solo en el último mes, el indicador pasó del 10,6% al 11,2%, consolidando una tendencia que ya cuadruplica los niveles registrados hacia fines de 2024. En contraste, la mora de las empresas se mantuvo relativamente estable, con una leve suba del 2,8% al 2,9%. En tanto, el nivel general del crédito al sector privado también mostró un incremento moderado, al pasar del 6,4% al 6,7%.
Uno de los puntos más críticos se encuentra en el financiamiento no bancario. En este segmento, que incluye billeteras virtuales y entidades financieras no tradicionales, la morosidad de los hogares trepó al 29,9% en febrero.
Aunque este tipo de crédito representa cerca del 17% del total destinado a familias, su impacto es significativo debido a las altas tasas de interés y a que suele concentrar a sectores de menores ingresos, más vulnerables frente a cambios en la economía.
Tasas altas y pérdida del poder adquisitivo
El aumento del endeudamiento y la mora responde a una combinación de factores. Por un lado, las tasas de interés continúan en niveles elevados: en préstamos personales, las tasas nominales rondan el 70% anual. Por otro, los ingresos no logran acompañar el ritmo de los costos.
Los salarios del sector privado registrado acumulan varios meses de caída en términos reales, mientras que el desempleo alcanzó el 7,5% en el último trimestre de 2025, su nivel más alto desde la pandemia.
A esto se suma una distribución desigual del ingreso y la pérdida de empleo, que presionan sobre la economía cotidiana de los hogares y derivan en un mayor uso del crédito para cubrir gastos básicos.
En este contexto, el crecimiento de la morosidad no solo refleja el endeudamiento creciente, sino también una señal de alerta sobre el deterioro del poder adquisitivo y la fragilidad financiera de amplios sectores de la población.