El gas natural puede convertirse en uno de los principales motores de integración energética del Cono Sur. Un estudio presentado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) y CAF –Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe– proyecta que los países del MERCOSUR y Chile podrían alcanzar intercambios regionales de entre 60 y 70 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/día), con operaciones por hasta USD 5.000 millones anuales.
Los resultados corresponden a la Fase V del Proyecto Regional de Integración Gasífera, presentado el 29 de mayo en São Paulo durante el encuentro “Integración gasífera en el MERCOSUR + Chile: hacia un mercado regional”. La iniciativa reunió a funcionarios, empresas, reguladores y especialistas del sector energético.
Para alcanzar ese escenario, el trabajo identifica 10 rutas de integración destinadas a conectar centros de producción y consumo de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay. En conjunto, las alternativas contemplan unos 6.000 kilómetros de gasoductos, más de un millón de HP de capacidad de compresión y una inversión superior a USD 25.000 millones.
Entre los proyectos analizados aparecen ampliaciones del Gasoducto Norte, GasAndes, el Gasoducto Centro Oeste, el GNEA y el tramo Tratayén-La Carlota, además de conexiones con Brasil y proyectos vinculados al Gasoducto Bioceánico.
Vaca Muerta, en el centro de la oportunidad
El estudio destaca la complementariedad entre el crecimiento de Vaca Muerta, en Neuquén, y el desarrollo del Pré-Sal brasileño. A la vez, señala el incremento previsto de la demanda en mercados como San Pablo, el Centro Oeste y el sur de Brasil. Las simulaciones indican que, con la infraestructura disponible y nuevas obras, los flujos regionales de exportación podrían ubicarse inicialmente entre 35 y 40 MMm³/día y superar los 60 MMm³/día en escenarios de mayor expansión.
Para la Argentina, el desarrollo de este mercado abre una oportunidad para ampliar las exportaciones de gas producido en Vaca Muerta y aprovechar infraestructura existente y nuevas conexiones internacionales. La integración también podría reducir costos de abastecimiento y la necesidad de recurrir a importaciones de GNL, gasoil y electricidad, además de favorecer el desarrollo de industrias intensivas en gas, como la producción de fertilizantes, la siderurgia y la generación eléctrica.
Uno de los corredores analizados es el vinculado al Gasoducto Bioceánico y el Chaco paraguayo, donde el estudio proyecta una demanda inicial de unos 4 MMm³/día, con posibilidades de crecimiento.
El potencial económico, sin embargo, depende de que los países logren avanzar en infraestructura, contratos y regulación. El informe advierte que varios corredores requieren contratos firmes de largo plazo y reglas previsibles para atraer inversiones.
Entre los temas analizados figuran el tránsito de gas por Bolivia, las tarifas de transporte en Argentina y la utilización de infraestructura ya amortizada. Cambios en estos parámetros podrían alterar la competitividad de las distintas rutas y modificar los flujos de intercambio.
Según los escenarios presentados, una mayor integración y flexibilización tarifaria permitiría generar beneficios económicos regionales de entre USD 900 millones y USD 2.000 millones por año, sumando ahorros en abastecimiento e ingresos vinculados al tránsito. El desafío planteado por OLACDE y CAF es, así, transformar el potencial gasífero de la región en un mercado integrado, con infraestructura conectada, reglas comunes y demanda suficiente para sostener inversiones de largo plazo. Para Neuquén, donde se concentra el desarrollo de Vaca Muerta, la posibilidad de consolidar nuevos corredores hacia Brasil, Chile y otros mercados sudamericanos refuerza el papel estratégico de la provincia dentro de la futura matriz energética regional.