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Gas dominante por Vaca Muerta: el 83% de la energía que consume Argentina sigue siendo de origen fósil

Un informe privado reveló que el gas natural, impulsado por el desarrollo de Neuquén y Vaca Muerta, concentra casi la mitad de la matriz energética del país, mientras las fuentes limpias apenas alcanzan el 17%.

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Con Vaca Muerta como principal motor del abastecimiento de gas natural, Argentina dispone de un recurso estratégico para fortalecer su seguridad energética y potenciar las exportaciones.

El gas natural se consolidó como el principal combustible de la economía argentina y explica buena parte del perfil energético del país. Impulsado por el desarrollo de los yacimientos de Neuquén, primero con Loma de la Lata y luego con Vaca Muerta, representa el 46,8% de toda la energía que consume Argentina. Sumado al petróleo, los combustibles fósiles aportan el 82,6% de la matriz energética nacional, mientras que las fuentes limpias apenas alcanzan el 17,4%.

Los datos surgen del informe "¿Qué tan limpia es nuestra energía?", elaborado por Argendata, la plataforma de análisis estadístico de Fundar, que advierte sobre el desafío que enfrenta el país para compatibilizar el crecimiento económico con la descarbonización.

El estudio muestra que el predominio del gas no es producto del azar. Desde el descubrimiento de grandes reservas en la cuenca neuquina, la política energética nacional impulsó la sustitución del petróleo por gas natural, un combustible que emite cerca de un 50% menos de dióxido de carbono que el carbón y genera menores emisiones que otros hidrocarburos líquidos.

La irrupción de Vaca Muerta profundizó ese proceso. Gracias al desarrollo del shale gas, Argentina incrementó significativamente su capacidad de producción y hoy cuenta con uno de los mayores reservorios no convencionales del mundo. Esa disponibilidad permitió fortalecer el abastecimiento interno, reducir importaciones e impulsar nuevos proyectos de exportación hacia la región y, en el mediano plazo, de gas natural licuado (GNL).

Sin embargo, el informe advierte que el gas continúa siendo un combustible fósil. Aunque constituye una alternativa de menor impacto ambiental frente al carbón o al fuel oil y suele considerarse un combustible de transición, su predominio no alcanza para cumplir los objetivos internacionales de reducción de emisiones y neutralidad de carbono.

En contraste, las energías limpias representan apenas el 17,4% de la matriz energética argentina. La mayor parte corresponde a la generación hidroeléctrica, seguida por la energía nuclear, eólica y solar. El porcentaje se ubica muy por debajo del promedio sudamericano, que ronda el 39%, impulsado por países como Chile, Uruguay y Brasil, donde las inversiones en energías renovables avanzaron con mayor intensidad durante la última década.

El documento recuerda que la mayor expansión de fuentes bajas en carbono en Argentina ocurrió hace casi cuarenta años, con la construcción de grandes represas hidroeléctricas y centrales nucleares. Recién a partir de mediados de la década de 2010, mediante el programa RenovAr, comenzaron a desarrollarse parques eólicos y solares de gran escala. No obstante, el crecimiento fue insuficiente para modificar de manera sustancial la estructura de la matriz energética.

Argendata también plantea una advertencia. Las emisiones argentinas permanecieron relativamente estables durante los últimos años, pero esa situación respondió principalmente al estancamiento de la actividad económica y no a mejoras en la eficiencia energética o a una transformación de la matriz. En consecuencia, si el país recupera el crecimiento sin aumentar la participación de energías limpias, las emisiones de gases de efecto invernadero crecerán en paralelo con la economía.

Frente a este escenario, el informe sostiene que la transición energética argentina deberá apoyarse en dos pilares complementarios: mejorar la eficiencia energética para producir más consumiendo menos energía y acelerar la incorporación de fuentes renovables y otras tecnologías bajas en carbono.

Con Vaca Muerta como principal motor del abastecimiento de gas natural, Argentina dispone de un recurso estratégico para fortalecer su seguridad energética y potenciar las exportaciones. El desafío será aprovechar esa ventaja sin postergar el desarrollo de una matriz más diversificada y sostenible, capaz de acompañar las exigencias de la transición energética global.

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