El desafío para Vaca Muerta dejó de ser únicamente producir más gas para abastecer el mercado interno. La gran apuesta que ya está en marcha apunta a un salto cualitativo sin precedentes: convertir el recurso de la cuenca neuquina en Gas Natural Licuado (GNL) y posicionar a la Argentina como un actor clave en el mercado energético global de las próximas décadas.
Con ese horizonte, YPF diseñó Argentina LNG, un megaproyecto que demanda una inversión estimada en US$ 51.000 millones a lo largo de 20 años y que promete reconfigurar de raíz la macroeconomía nacional, con un derrame directo y profundo sobre la economía de Neuquén.
El esquema proyectado parte de una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales de GNL, con la perspectiva de expandirse hasta los 18 millones. Para alcanzar esta escala monumental, el eslabón inicial y fundamental se encuentra bajo el suelo neuquino.
De la cuenca neuquina al Golfo San Matías
La lógica económica detrás de la iniciativa es clara: Vaca Muerta posee reservas masivas —se estima que la Argentina cuenta con 802 trillones de pies cúbicos (TCF) de recursos técnicamente recuperables de shale gas, de los cuales unos 308 TCF corresponden a la formación neuquina—, pero para transformar esa riqueza geológica en dólares genuinos se requiere infraestructura pesada y contratos internacionales.
Para resolver la logística de exportación, el proyecto prevé conectar la producción de la cuenca neuquina directamente con la costa atlántica de Río Negro, en el área del golfo San Matías. Esto implicará la construcción de unos 520 kilómetros de gasoductos, además de un poliducto de extensión similar, una planta de tratamiento de gas, instalaciones para procesar líquidos asociados y facilidades de almacenamiento.
La primera etapa de industrialización contempla dos unidades flotantes de licuefacción de seis millones de toneladas anuales cada una: la primera prevé iniciar operaciones comerciales en 2030 y la segunda en 2031.
El impacto económico y laboral en la región
Si la Argentina logra consolidar esta transformación, el impacto excederá ampliamente los límites del sector energético convencional, convirtiéndose en una palanca histórica para el desarrollo regional y nacional.
YPF calcula que el desarrollo de Argentina LNG podría generar hasta 40.000 empleos directos, indirectos e inducidos durante los períodos de mayor intensidad operativa. En detalle, la fase de construcción demandaría un promedio de 20.000 puestos de trabajo anuales, mientras que la etapa de operación estable requeriría alrededor de 8.000 empleos permanentes.
Asimismo, el proyecto prevé un fuerte traccionar sobre la cadena de valor local y federal, estimando contrataciones a proveedores nacionales por unos US$ 15.000 millones, lo que potenciará a las pymes y empresas de servicios petroleros arraigadas en Neuquén y el resto del país.
El cronograma y los próximos hitos
Pese a la magnitud de las cifras, el proyecto todavía transita etapas clave previas a su consolidación definitiva. Argentina LNG se encuentra en el camino hacia la Decisión Final de Inversión (FID), un hito que el cronograma de YPF proyecta concretar durante el cuarto trimestre de 2026.
Para alcanzar esa meta, la compañía —que comparte sociedad fundadora con Eni y XRG, con participaciones iniciales del 36%, 32% y 32% respectivamente— deberá abrochar contratos de venta a largo plazo y destabar el financiamiento internacional necesario para una obra de semejante envergadura. En paralelo, YPF avanza también en iniciativas complementarias como Southern Energy, un proyecto gemelo de menor escala que ya transita fases más adelantadas.
Con una demanda mundial de GNL que apunta a duplicarse hacia 2050 impulsada por la transición energética global, la Argentina busca capitalizar su ventana de oportunidad. Para Neuquén, el proyecto representa la consagración definitiva: dejar atrás la dependencia del consumo doméstico para erigirse, desde la Patagonia, en una potencia exportadora mundial de energía.