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Vera Cirkovic: nació en la ópera, se animó a salir y descubrió que la música era “una galaxia”

Hija de una cantante lírica, criada entre teatros y formada en el riguroso universo de la música clásica, Vera Cirkovic creyó durante años que la ópera era el destino final de su carrera. Hasta que decidió abrir una puerta inesperada. 

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“Esto también me gustaría hacerlo”: Vera Cirkovic, una vida entre la ópera y la curiosidad.

Durante mucho tiempo, Vera Cirkovic creyó saber hacia dónde iba su vida. La música había estado allí desde el principio. Antes incluso de que pudiera elegirla. Su madre era cantante lírica, su abuela también había soñado con cantar y ella, como dice ahora, prácticamente nació en un teatro. Después vinieron la formación, la flauta traversa, el piano, el solfeo y ese largo recorrido que parecía conducir, inevitablemente, hacia un mismo lugar: la ópera.

“Para mí la ópera era como la finalidad, el arte supremo”, recuerda en diálogo con Mejor Informado. Pero hace unos diez años algo cambió. No fue un abandono ni una ruptura con el mundo que había construido durante toda su vida. Fue, más bien, una apertura. Vera Cirkovic comenzó a mirar hacia otros sonidos, otras épocas y otras formas de contar a través de la música. La canción francesa, el pop, la música contemporánea y artistas que pertenecían a universos muy alejados de aquel camino inicial despertaron una curiosidad que todavía la acompaña.

“Me di permiso para probar otras cosas”, dice. Y en ese permiso encontró una revelación: “Descubrí que la música no es solamente un mundo: es una galaxia”.

En esta charla, la reconocida mezzo soprano repasa ese recorrido que va de la ópera a la canción francesa de los años 50, del París imaginado de Sartre y los existencialistas a las voces de Juliette Gréco, Barbara y, por supuesto, Edith Piaf. Y habla también de lo que ocurre cuando una artista, después de toda una vida

Vera Cirkovic diálogo con Mejor Informado. la mezzo soprano que se animó a salir de la ópera para descubrir otros mundos.

Después de tantos años de trayectoria, ¿qué significa hoy la música en tu vida? ¿Cambió esa mirada con el paso del tiempo?

Sí, totalmente. Hoy la música es mucho más amplia y mucho más variada para mí. Abrí mi mundo de una manera realmente inesperada. Yo vengo de una tradición de cantante lírica. Mi mamá era cantante lírica, mi abuela también quería cantar, y prácticamente nací en un teatro. Mi mamá era coreuta y, desde muy chica, iba a escuchar ópera y música clásica. Estudié todo ese recorrido de la música clásica: flauta traversa, piano, solfeo… toda esa formación. Y, salvo un pequeño momento en París, donde tuve la posibilidad de acercarme a otras expresiones musicales, siempre estuve muy vinculada con la música clásica.



¿Durante mucho tiempo sentiste que la ópera era como el destino final de ese camino?

Sí. Para mí la ópera era como la finalidad, el arte supremo. Por la formación, la exigencia, la vocalidad, los instrumentos, la escenografía… por todo lo que implica. Pero, por suerte, hace unos diez años descubrí que la música no era solamente la ópera. Me di permiso para probar otras cosas. Y eso me volvió muy curiosa. Empecé a interesarme por todo lo que podía ocurrir dentro de la música: desde la canción francesa, el pop y la música moderna hasta lo que hacen los artistas de hoy. Y descubrí que no es solamente un mundo: es una galaxia.



¿Qué pasó con la ópera? ¿La dejaste atrás?

No, nunca la dejé. Pero cambió mi relación con ella. Hoy los proyectos vinculados con la ópera son mucho más puntuales y precisos.  Ya no estoy exclusivamente detrás de eso. Estoy abierta a otras músicas, a descubrir, a experimentar. Cada proyecto nuevo me genera curiosidad. Muchas veces pienso: “Esto también me gustaría hacerlo”.



¿Qué fue lo que más te llamó la atención de la música que fuiste encontrando?

Es difícil elegir porque todo lo mío es bastante ecléctico, caótico y depende mucho del momento. La primera vez que incursioné realmente en algo diferente fue con la canción francesa de los años 50. Me fascinaban Juliette Gréco, Edith Piaf, Barbara…



Además eran artistas que no pertenecían a tu época.

Exactamente. Y eso es lo más gracioso. Uno podría pensar que me iban a interesar cantantes más cercanos a mi generación, pero no. Me atraía ese París del existencialismo, de la nostalgia, de la literatura. El París de Sartre, de los grandes escritores… Ese París ideal que yo tenía en mi imaginación.



Dentro de esa canción francesa aparece, inevitablemente, Edith Piaf.

Sí, claro. Piaf es maravillosa y me gusta muchísimo, pero como Piaf no va a haber otra. Hay personas que la cantan maravillosamente. Por ejemplo, Elena Roger me parece extraordinaria haciendo de Piaf.

 

La entrevista a Vera Cirkovic

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