El Pinot Noir llegó al Alto Valle de Río Negro y Neuquén a comienzos del siglo XX y encontró en la Patagonia un territorio capaz de acompañar una de las variedades más delicadas del mundo del vino. Más de un siglo después, la cepa mantiene su presencia en viñedos históricos y se expandió hacia otras zonas productivas de la región.
Carlos Mabellini, productor y fundador de Mabellini Wines, repasó esa historia en diálogo con Entretiempo por AM550. Según explicó, las primeras plantas llegaron en 1902, cuando la variedad todavía tenía una presencia limitada en la vitivinicultura argentina.
“Esta cepa tiene una importancia muy relevante en la zona, fundamentalmente porque fue una de las primeras plantadas en todo el Alto Valle de Río Negro y Neuquén”, señaló.
Mabellini destacó que el desarrollo fue temprano y dejó plantaciones antiguas que todavía forman parte de la historia vitivinícola regional. Con el paso de los años, la producción se extendió. Hoy el Pinot Noir aparece en diferentes zonas de Neuquén y Río Negro y también ganó terreno hacia la cordillera patagónica.
“Ahora la frontera se extendió hasta Chubut”, indicó el productor. La variedad tiene presencia en viñedos cordilleranos y se acerca incluso al límite con Santa Cruz, dentro de una franja argentina marcada por temperaturas más bajas.
El Pinot Noir combina suavidad y una larga capacidad de guarda
La delicadeza es una de las primeras características que aparecen al hablar de Pinot Noir. Mabellini describió vinos “muy delicados, muy suaves, muy tenues”, aunque aclaró que esa condición puede esconder una capacidad que suele sorprender a quienes asocian los vinos de guarda con variedades más intensas.
“Un Pinot Noir puede ser un gran vino de guarda y puede durar igual o más que un Cabernet Sauvignon, un Cabernet Franc o un Malbec”, sostuvo.
El productor explicó que los taninos de la variedad permiten alcanzar una evolución prolongada si el vino recibe una elaboración adecuada. Allí aparece una de las dificultades que también hacen particular a esta cepa.
“El Pinot Noir es delicado y suave, pero puede pasar a no serlo si no se vinifica como hay que vinificarlo”, afirmó. Incluso recordó una frase habitual entre los enólogos: “El día que me recibo de enólogo es el día que puedo hacer un buen Pinot Noir”.
La comparación con Borgoña ayuda a entender el prestigio histórico de la variedad. En esa región francesa se producen algunos de los Pinot Noir más reconocidos del mundo y existen vinos capaces de evolucionar durante décadas.
“Los grandes vinos de Borgoña son Pinot Noir y tienen un potencial de guarda de 30, 40 o 50 años”, remarcó Mabellini. Para el productor, esa combinación entre suavidad y longevidad concentra parte de “lo mágico” de la cepa.
El clima neuquino aporta condiciones favorables
El clima frío, fresco y seco ofrece un escenario favorable para el desarrollo del Pinot Noir en la región norte patagónica. La variedad madura temprano y suele ser la primera tinta que se cosecha después de las uvas blancas.
“El primer tinto que se cosecha es el Pinot Noir”, explicó Mabellini. En la zona, la cosecha suele llegar hacia fines de febrero y eso permite completar su ciclo vegetativo antes que otras variedades tintas.
Sin embargo, el Pinot también exige atención. Las heladas tardías pueden afectar su desarrollo y la humedad favorece la aparición de enfermedades vinculadas con hongos.
Mabellini mencionó especialmente la botrytis y el oídio, dos problemas que pueden ganar terreno cuando aumentan las precipitaciones. En ese punto, destacó una característica habitual del paisaje neuquino: el viento.
“A nosotros nos salva el viento”, resumió. Para el productor, la circulación de aire cumple un papel central porque ayuda a secar las plantas y reduce las condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades.
Las lluvias recientes representaron una situación poco habitual para la región. Mabellini recordó que en pocas semanas cayeron cerca de 70 milímetros, una cifra elevada para una zona donde las precipitaciones anuales suelen ubicarse, según su explicación, entre los 250 y 300 milímetros.
Aun así, consideró que existen otros factores que ayudan al cultivo. “El viento y el suelo que nosotros tenemos son factores importantes”, señaló. Los suelos aluvionales próximos a los ríos Limay y Neuquén presentan una buena permeabilidad y permiten que el agua se filtre con rapidez. Esa combinación, junto con el viento, ayuda a mantener condiciones más secas.
“En la zona en la que estamos no curamos para el oídio ni para la botrytis”, afirmó Mabellini. De todos modos, reconoció que un cambio sostenido hacia climas más húmedos podría obligar a incorporar tratamientos que hoy no resultan necesarios.
La tradición vitivinícola neuquina vuelve a ganar visibilidad
El crecimiento actual del vino en Neuquén también recupera una historia anterior a la expansión de las bodegas que se produjo entre las décadas de 1990 y 2000. Mabellini recordó que las primeras experiencias vitivinícolas de la provincia tuvieron un fuerte vínculo con el norte neuquino.
“La primera producción vitivinícola de Neuquén viene de la zona de Chos Malal, del valle del Curi Leuvú”, sostuvo.
Esa tradición perdió visibilidad durante varios años y luego volvió a ganar presencia con nuevos proyectos. Para Mabellini, uno de los cambios recientes pasa por el mayor reconocimiento de los productores locales y por la difusión de la cultura vitivinícola entre los propios neuquinos.
“Neuquén tiene una tradición vitivinícola muy grande, pero quizás no la conocíamos tanto nosotros mismos”, reflexionó.
En los últimos años, distintas actividades comenzaron a reunir a bodegas, productores y especialistas para mostrar esa diversidad. El Pinot Noir ocupa un lugar destacado dentro de ese proceso, aunque la producción provincial también abarca otras variedades.
La Noche del Pinot reunirá a bodegas en Neuquén capital
La celebración tendrá uno de sus encuentros principales el sábado 22 de agosto con La Noche del Pinot, una propuesta abierta al público que se realizará en el Centro de Convenciones Domuyo, ubicado en Isla 132 de la ciudad de Neuquén.
La actividad se desarrollará de 19 a 23.30 y tendrá entrada libre. Las bodegas neuquinas instalarán stands y espacios de degustación para acercar al público distintas etiquetas elaboradas en la provincia, con el Pinot Noir como eje de la jornada.
Participarán Cutral Co, Aicardi, Patritti, Malma, Schroeder, Tero Rengo, Fincas del Limay, Sudoeste, Impasse, Mabellini Wines, Bodega Des de la Torre, Terra Indómita, Puerta Oeste, U24 y Principios y Finales.
“Vamos a estar todos los productores neuquinos mostrando Pinot Noir y las demás variedades que tengamos”, adelantó Mabellini.
La propuesta también incluirá gastronomía con productos regionales y una programación musical. Participarán la DJ Martina Colombero, la banda de Villa La Angostura Los Cachorros y la DJ Juli Valenzuela.
La jornada reunirá en Neuquén capital a buena parte de la producción vitivinícola provincial. Para una variedad que comenzó a plantarse en el Alto Valle hace más de 120 años, será otra oportunidad para mostrar cómo el clima, el suelo y el trabajo de los productores siguen construyendo una identidad propia en la Patagonia.
La entrevista completa a Carlos Mabellini