La historia de amor entre Gabriel Corrado y Costanza Feraud comenzó de manera inesperada en Bellavista, en un almacén donde él ensayaba escenas de Romeo y Julieta. En ese momento, ella dejó caer algunas cosas y alguien los presentó. Aunque se miraron con interés, ninguno se animó a dar el primer paso.
El giro decisivo llegó cuando Costanza tomó la iniciativa: lo llamó para invitarlo a una fiesta de disfraces. Ese simple gesto fue el punto de partida de una relación que ya supera los 35 años.
Sus comienzos, difíciles como todas las parejas
Como toda pareja que inicia su vida en común, enfrentaron dificultades cotidianas. Su primer departamento carecía de lo básico, incluso no tenían heladera. En invierno, para conservar alimentos, guardaban la leche y la manteca en el balcón. Eligieron no depender de sus familias para resolver sus necesidades, apostando a la independencia.
Mientras Corrado consolidaba su carrera en televisión, Costanza fue un apoyo fundamental en lo cotidiano: lo ayudaba a estudiar libretos y a sostener el ritmo intenso de las tiras diarias, según contó el actor en su paso por Caras TV.
Lejos de sentirse incómodos con la exposición pública, la pareja afrontó esos momentos con un objetivo claro: ser un equipo. Costanza acompañó con orgullo y admiración el crecimiento profesional de Gabriel, y él valoró siempre el respeto mutuo, evitando competir o intentar ocupar el mismo rol.
Con el tiempo, formaron una familia con tres hijos: Lucas, que vive en Ámsterdam; Lucía, en Hamburgo; y Clara, en el estado de Nueva York. Con sus hijos establecidos en el extranjero, la pareja atraviesa ahora una etapa de nido vacío, pero mantienen una relación activa gracias a la tecnología y la decisión de reinventarse.
Recientemente se mudaron nuevamente a la Ciudad de Buenos Aires, donde retomaron una vida social con salidas al teatro, cine y exposiciones de arte, buscando disfrutar juntos esta nueva etapa.
La relación no fue lineal: atravesaron crisis, celos y momentos difíciles. Nunca se separaron, pero cuando lo necesitaron recurrieron a terapia de pareja. Hoy comprenden que el deseo va más allá de lo físico, y se basa en proyectos compartidos, humor, viajes y planes en común. Un detalle que parece sacado de un guion es que el primer movimiento importante en la relación lo hizo ella.