El regreso de AC/DC a la Argentina fue mucho más que un recital: se convirtió en un acontecimiento cargado de emoción y memoria colectiva. Luego de 15 años, la banda australiana volvió al Estadio Monumental y reactivó una conexión única con sus fanáticos, que los esperaron durante más de una década.
Desde temprano, los alrededores del estadio se llenaron de seguidores vestidos de negro, con banderas y símbolos clásicos del rock. La previa fue una verdadera celebración, donde distintas generaciones compartieron la misma pasión por AC/DC, anticipando una noche que prometía ser inolvidable.
Minutos después de las 21, el show comenzó sin demasiadas vueltas. Angus Young, fiel a su icónico uniforme escolar, apareció en escena con “If you want blood (You’ve got it)” y desató la euforia inmediata. A su lado, Brian Johnson volvió a demostrar que su voz sigue siendo una marca registrada del grupo.
El primer gran estallido llegó con “Back in black”, uno de los himnos más esperados. El estadio entero se unió en un solo canto, dejando en claro que el paso del tiempo no debilitó la relación entre la banda y el público argentino. Cada acorde fue celebrado como si fuera la primera vez.
La formación actual, con Stevie Young, Matt Laug y Chris Chaney, acompañó con precisión y potencia. El legado de la banda se sostuvo con solidez, respetando la esencia que convirtió a AC/DC en una de las agrupaciones más influyentes del rock mundial.
El show avanzó con una seguidilla de clásicos. “Thunderstruck” convirtió el Monumental en una tormenta de energía, mientras que “Hells bells” aportó una cuota de mística con su imponente puesta en escena. Cada canción fue coreada de principio a fin por miles de personas.
Uno de los momentos más intensos llegó con “Highway to hell”, que funcionó como un verdadero ritual colectivo. La comunión entre la banda y el público alcanzó su punto máximo, confirmando que el vínculo sigue intacto más allá de los años.
El “Power Up Tour” apostó por una puesta sobria, centrada en la música y la energía del vivo. Así, el regreso de AC/DC no solo fue un show, sino una celebración que reafirmó su lugar en la historia del rock y dejó abierta la expectativa para sus próximas fechas en el país.