La historia de amor entre Natalia Oreiro y Ricardo Mollo lleva más de dos décadas y atravesó distintas etapas personales y profesionales. A punto de celebrar 25 años de matrimonio, la actriz reflexionó sobre aquello que mantiene vigente un vínculo y sorprendió con una definición que puso el foco en otro tipo de amor.
En una entrevista con la revista OHLALÁ!, realizada luego del estreno de Narciso, la película que protagonizó junto a Adrián Suar, Natalia Oreiro se animó a hablar de su intimidad. La artista repasó su relación con Ricardo Mollo, su experiencia como madre y la manera en que entiende actualmente los vínculos.
Al referirse a las parejas y las separaciones, la actriz planteó una mirada alejada de las convenciones. Para Natalia Oreiro, nadie debería permanecer en una relación por obligación y la posibilidad de elegir es fundamental. En ese sentido, defendió que una separación puede ser una decisión saludable cuando una pareja deja de hacer felices a sus integrantes.
Su reflexión derivó en una de las frases más llamativas de la entrevista. Al hablar del amor de pareja y de aquellos vínculos que perduran con el paso del tiempo, Natalia Oreiro fue contundente: “El único amor para toda la vida es el de los hijos”. La declaración marcó una diferencia entre el amor romántico y el lazo que une a padres e hijos para siempre.
La actriz también puso el acento en la independencia que muchas mujeres no tuvieron en otras épocas. Según explicó, durante años la falta de autonomía económica podía impedir que alguien tomara la decisión de terminar una relación. Para ella, contar con libertad para elegir permite construir vínculos desde un lugar diferente y no desde la necesidad.
En paralelo, Natalia Oreiro habló de su rol como madre de Merlín Atahualpa, fruto de su relación con Ricardo Mollo. El adolescente tiene 14 años y atraviesa una etapa en la que comienza a ganar autonomía. Para la actriz, uno de los desafíos más importantes consiste justamente en aprender a soltar y aceptar que su hijo construya su propio mundo.
La maternidad también modificó algunas decisiones personales de la artista. Natalia Oreiro contó que dejó de realizar determinadas actividades riesgosas después del nacimiento de su hijo porque sintió que debía estar disponible para él. Ahora enfrenta otro aprendizaje: comprender que Merlín Atahualpa crece, tiene sus propios intereses y necesita desarrollar confianza sin depender permanentemente de sus padres.
Entre los recuerdos que compartió apareció una escena cotidiana que la marcó especialmente. Durante una salida en bicicleta, su hijo le pidió que se detuviera para sentir el viento en la cara. Para Natalia Oreiro, aquel momento terminó convirtiéndose en una enseñanza sobre la importancia de disfrutar el presente. Así, entre la pareja, la maternidad y el paso del tiempo, la actriz dejó una definición que también explica su manera de entender el amor.