Luis Brandoni dejó una carrera enorme en el teatro, el cine y la televisión, pero su última aparición en la pantalla grande tuvo un peso especial. Se trató de Parque Lezama, una película dirigida por Juan José Campanella que recuperó el espíritu de la obra teatral que él mismo había sostenido durante años y que, tras su paso por los cines, encontró una nueva vida en Netflix.
El film se estrenó el 19 de febrero en salas y el 6 de marzo llegó a la plataforma, donde rápidamente empezó a ganar repercusión. Para muchos espectadores, ese desembarco terminó de acercar una historia que ya venía probada sobre el escenario, con el mismo dúo central: Luis Brandoni y Eduardo Blanco. Esa continuidad fue una de las claves de una película que se apoya casi por completo en la potencia de los actores.
En Parque Lezama, Luis Brandoni interpreta a León, un hombre intenso, filoso, atravesado por ideas firmes y una manera de mirar la vida que no admite demasiadas tibiezas. Frente a él aparece Antonio, el personaje de Eduardo Blanco, mucho más sereno, más silencioso y aparentemente resignado. Entre los dos se arma una relación hecha de discusiones, recuerdos, ironías y pequeñas confesiones que van creciendo a medida que avanza la historia.
La película transcurre casi por completo alrededor de un banco en el tradicional parque porteño que le da nombre. Desde esa premisa mínima, Campanella construye un relato íntimo sobre la vejez, la soledad, el paso del tiempo y la necesidad de ser escuchado. No hay grandes golpes de efecto ni escenas espectaculares: todo pasa en la palabra, en los silencios y en la forma en que esos dos hombres se van descubriendo.
Ahí aparece uno de los puntos más fuertes del trabajo de Luis Brandoni. Su personaje no está pensado para caer simpático de entrada, sino para incomodar, discutir y mover al otro. Justamente por eso el papel tiene espesor. El actor le imprime nervio, ironía y una energía que sostiene buena parte de la tensión del film, mientras Eduardo Blanco funciona como un contrapunto ideal, más contenido pero igual de preciso.
Claro que la adaptación conserva algo de su origen teatral. Hay momentos en los que la puesta se vuelve más quieta y algunos diálogos se sienten muy ligados al escenario. Sin embargo, eso no termina jugando en contra del todo, porque el corazón de la propuesta está en otro lado: en la calidad del texto, en el ritmo del intercambio y en la humanidad de los personajes. En ese terreno, la película encuentra su mejor versión.
Por eso, para quienes quieran volver a ver a Luis Brandoni en su trabajo más reciente en cine, la respuesta es concreta: Parque Lezama es su última película y está disponible en Netflix. Más que una despedida, queda como una obra sobria, sensible y muy apoyada en la presencia de un actor que supo hacer de cada palabra una marca propia.