La vida de Elisa Montero volvió a instalarse en el centro de la escena mediática por su vínculo con Lionel Scaloni, el entrenador de la Selección Argentina que construyó su carrera lejos de la exposición constante y los escándalos.
La esposa del DT campeón del mundo en Qatar 2022 se caracteriza por un perfil extremadamente bajo. Evita redes sociales abiertas, entrevistas y apariciones públicas, lo que refuerza una imagen de absoluta reserva en torno a su figura.
Detrás de esa discreción, Elisa se consolidó como un sostén clave en la vida profesional del técnico de la AFA, especialmente en el momento en que dejó su etapa como futbolista y comenzó a transitar el camino hacia la dirección técnica.
Antes de su relación con el entrenador, la mujer llevaba una vida alejada del ambiente del fútbol. Según trascendió, trabajaba en una empresa familiar y también se desempeñó en el rubro de indumentaria, siempre manteniendo un bajo perfil.
La historia entre ambos comenzó hace más de diez años en Mallorca, cuando se cruzaron de manera casual en un restaurante. Él tenía 31 años y ella 30. Aquella noche, entre amigos y miradas cruzadas, nació una conexión que con el tiempo se volvió decisiva.
En la biografía oficial escrita por Diego Borinsky, el propio Scaloni recordó el impacto del primer encuentro. “La vi y fue un flechazo. Cuando pasó con una amiga al baño, la encaré. Charlé dos minutos, o menos… no me dio ni pelota. Muy borde, antipática, seca”, confesó sobre aquel momento inicial.
Lejos de rendirse, el actual entrenador insistió hasta lograr acercarse a ella. “Rompí los huevos 20 días hasta que me dieron el contacto de una compañera de Elisa… estuve cuatro meses para conseguir su teléfono”, agregó en el mismo relato, describiendo el largo proceso de conquista.
Con el paso del tiempo, Elisa también compartió su versión de aquella etapa. “Era muy simpático… muy natural, muy transparente”, destacó sobre Scaloni, antes de que la pareja se consolidara, formara familia en Italia durante la etapa en la Lazio y luego regresara a Roma, donde nacieron sus hijos Ian y Noah, pilares de una historia que sigue vigente en la intimidad familiar.