El presidente Donald Trump y su par chino Xi Jinping se reunieron en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, frente a la plaza Tiananmén, en una cumbre bilateral de más de dos horas que abordó las tensiones comerciales, la cuestión de Taiwán y la escalada en Medio Oriente. Antes del encuentro privado, Trump elogió a Xi públicamente y aseguró que ambos países tendrán "un futuro fantástico juntos", mientras el líder chino afirmó que China y Estados Unidos "deberían ser socios en lugar de oponentes". Uno de los acuerdos más significativos de la jornada fue la postura común frente a Irán: ambos mandatarios coincidieron en rechazar la posibilidad de que Teherán desarrolle armas nucleares y pidieron la normalización del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, cuyo bloqueo continúa generando una crisis energética global de proporciones históricas. Trump invitó además a Xi a visitar Estados Unidos el próximo 24 de septiembre.
La delegación estadounidense que acompañó a Trump incluyó al secretario de Estado Marco Rubio, al secretario de Defensa Pete Hegseth y a un grupo de los principales CEO del país: Elon Musk de Tesla, Jensen Huang de Nvidia y Tim Cook de Apple, entre otros. La presencia empresarial refleja la agenda económica de fondo: Washington busca avanzar en acuerdos de exportaciones agrícolas y tecnológicas, y fortalecer la fabricación de chips en territorio estadounidense, mientras Pekín presiona por una flexibilización de las restricciones a la venta de semiconductores avanzados. Xi advirtió sin embargo que la cuestión de Taiwán podría derivar en un "conflicto" entre ambas potencias si no es manejada de manera adecuada, en una señal de que los puntos de tensión estructural entre las dos superpotencias no desaparecen con la buena química entre sus líderes.
Tras la reunión formal, Trump y Xi realizaron una visita conjunta al Templo del Cielo, uno de los principales símbolos culturales de Pekín y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, en un gesto cargado de simbolismo diplomático. La cumbre continúa con nuevas actividades y un banquete de Estado organizado por el gobierno chino. El acuerdo entre Washington y Pekín sobre Irán representa un movimiento de peso en el tablero geopolítico: si China, principal comprador del petróleo iraní y socio estratégico de Teherán, respalda públicamente la postura de que Irán no puede armarse nucleares y que Ormuz debe estar abierto, el margen de maniobra del régimen iraní en las negociaciones se reduce de manera significativa, justo cuando el alto el fuego está, según las propias palabras de Trump, "en cuidados intensivos".