Las fuerzas armadas de Rusia perpetraron un ataque masivo con misiles balísticos y drones de alta precisión contra infraestructuras críticas y centrales termoeléctricas en Ucrania, afectando de manera directa el suministro eléctrico en las regiones de Kiev y Járkov.
Según el reporte oficial difundido por el Ministerio de Defensa ruso en su canal de Telegram, los bombardeos se centraron en las plantas TETS-4 (Dárnitskaya) y TETS-5 (Kíevskaya), además de un centro de procesamiento de datos estratégico, bajo el argumento de que dichas instalaciones brindan soporte logístico al complejo industrial militar ucraniano.
Por su parte, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció que la ofensiva dejó varias víctimas fatales, numerosos heridos y dejó a unos 600.000 hogares completamente desabastecidos de energía eléctrica.
De acuerdo con el mandatario, Moscú empleó un total de 39 misiles y más de 102 vehículos aéreos no tripulados que impactaron en 26 instalaciones del sector eléctrico y en cuatro complejos vinculados a la red de hidrocarburos, profundizando la crisis humanitaria y de calefacción ante la proximidad del invierno.
La nueva escalada militar se produce en un contexto de alta tensión diplomática y energética internacional, marcado por los recientes roces entre Washington y Kiev tras las críticas de Donald Trump a los ataques ucranianos contra refinerías rusas y el posterior acuerdo de abastecimiento de diésel.
Mientras los equipos de emergencia ucranianos trabajan a contrarreloj para despejar escombros y restablecer parcialmente los servicios esenciales en las zonas afectadas, el gobierno de Zelenski reiteró su llamado a los aliados occidentales para reforzar de manera urgente los sistemas de defensa antiaérea.