El brote de ébola que azota a la República Democrática del Congo desde el 15 de mayo alcanzó los 864 muertos y 2.181 casos confirmados, con una tasa de letalidad del 39,6% que lo convierte en uno de los más letales registrados en el país en los últimos años. En las últimas 24 horas se reportaron 56 nuevos contagios y 36 decesos, mientras 722 pacientes permanecían internados o aislados y 412 personas habían recibido el alta.
El rastreo de contactos de la enfermedad alcanzó el 66,9%, aunque el brote se mantiene en una fase de "transmisión sostenida" marcada por un rápido aumento en los casos desde su inicio. Las provincias más afectadas son las del este del país —Ituri, epicentro del brote, Kivu del Norte, Kivu del Sur y Haut-Uele— así como el distrito de Tshopo, en el centro-norte, una región que ya acumula décadas de crisis humanitaria, conflicto armado e inestabilidad institucional que complican enormemente la respuesta sanitaria.
La epidemia, causada por la cepa Bundibugyo del virus del ébola —una variante que genera una tasa de mortalidad menor que la cepa Zaire pero significativamente superior a otras cepas conocidas— se extendió además al país vecino Uganda, aunque con resultados más alentadores: el jueves, el último paciente ugandés con ébola activo se recuperó, tras registrarse 20 contagios en total, 15 de ellos importados desde el Congo, con dos muertes.
La contención del brote en Uganda contrasta con la situación en el Congo, donde la combinación de densidad poblacional, movilidad de personas en zonas de conflicto y limitaciones del sistema de salud dificultan el control de la transmisión.
El brote congoleño llega en un momento de particular saturación para los sistemas de respuesta humanitaria global: la OMS y los organismos internacionales de salud tienen sus recursos y atención divididos entre Venezuela —donde el terremoto del 24 de junio dejó más de 4.000 muertos y generó riesgos de enfermedades infecciosas en los campamentos—, la escalada militar en Medio Oriente y otras crisis simultáneas.
La cepa Bundibugyo fue identificada por primera vez en Uganda en 2007 y causó un brote significativo en el Congo en 2012, pero el actual es el más extenso registrado con esta variante. Con 56 nuevos casos en un solo día y la transmisión sostenida sin señales claras de desaceleración, el Congo enfrenta una emergencia sanitaria que el mundo, distraído por múltiples crisis simultáneas, corre el riesgo de no atender con la urgencia que requiere.