China lanzó su advertencia más dura hasta ahora sobre las aspiraciones nucleares de Japón, con el portavoz del Ministerio de Defensa nacional, Jiang Bin, señalando en una rueda de prensa que "la ambición nuclear de Japón es una línea roja que jamás se debe cruzar. De lo contrario, si se abre la caja de Pandora, las consecuencias serían catastróficas". Las declaraciones fueron motivadas por los reiterados comentarios del ministro de Defensa japonés, quien sostuvo que Japón debería debatir las políticas relacionadas con las armas nucleares "sin tabúes", incluyendo la posibilidad de revisar los tres principios no nucleares que el país adoptó tras la Segunda Guerra Mundial —no poseer, no producir y no permitir el ingreso de armas nucleares en su territorio. Jiang calificó esas declaraciones de "extremadamente provocadoras y peligrosas" y sugirió que Japón podría estar usando esos comentarios para "poner a prueba la tolerancia de la opinión pública y allanar el camino para desafiar los límites de la justicia internacional".
El portavoz chino respaldó su advertencia con datos concretos: señaló que Japón es reconocido internacionalmente como un Estado de umbral nuclear y ha acumulado aproximadamente 44,4 toneladas métricas de plutonio separado, "manteniendo durante mucho tiempo las condiciones para un desarrollo acelerado de sus capacidades nucleares". Según Pekín, cualquier revisión de los tres principios no nucleares infringiría las obligaciones de Japón en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, socavaría el régimen internacional de no proliferación y plantearía "una grave amenaza para los resultados de la victoria en la Segunda Guerra Mundial y para el orden internacional de la posguerra". Jiang instó a la comunidad internacional y al pueblo japonés a "permanecer muy alertas y contener resueltamente dicha tendencia".
La advertencia china no es la única: la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, también advirtió desde Moscú que la posible introducción de armas nucleares por parte de Japón supondría una amenaza para la seguridad nacional rusa y socavaría la estabilidad de toda la región. La convergencia de China y Rusia en esta postura refleja la alarma compartida ante un Japón que bajo el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi viene acelerando su remilitarización y aumentando su presupuesto de defensa a niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. El debate sobre los principios no nucleares es particularmente sensible en el único país del mundo que sufrió ataques atómicos —Hiroshima y Nagasaki en 1945— y donde cualquier discusión sobre armas nucleares tiene una dimensión histórica y moral que ninguna otra nación comparte.