China pidió en privado a Irán que use su influencia para frenar la ofensiva de los hutíes en el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, según tres fuentes iraníes familiarizadas con el asunto citadas por la agencia Reuters. El pedido llegó después de que Arabia Saudita recurriera a Pekín en busca de ayuda ante los rápidos avances del grupo yemení a lo largo de la costa del Mar Rojo, que dejaron las exportaciones de petróleo sauditas más expuestas que nunca.
El mensaje privado chino fue más allá de las declaraciones públicas de moderación y diálogo: Pekín quiere que Teherán use su influencia sobre los hutíes para evitar que el conflicto se extienda a las rutas energéticas de las que depende la segunda economía del mundo. La respuesta iraní, según las mismas fuentes, fue directa: la estabilidad en la región depende del fin de la guerra estadounidense-israelí contra Irán, no de las acciones de Teherán sobre sus aliados yemeníes.
China no emitió amenazas explícitas ni indicó que presionaría económicamente a Irán si no actuaba sobre los hutíes.
El pedido chino revela la profundidad del dilema geopolítico de Pekín: China es el socio comercial más grande de Irán desde hace más de una década, compra más del 80% de sus exportaciones marítimas de petróleo —unos 1,4 millones de barriles diarios— y es uno de los pocos países con capacidad financiera para sostener la industria petrolera iraní bajo sanciones. Pero simultáneamente depende de las mismas rutas energéticas que Irán y sus aliados están bloqueando: con Ormuz ya efectivamente cerrado y los hutíes controlando Bab el-Mandeb, Teherán y sus aliados ejercen presión sobre ambos extremos de la red marítima clave de la región. "China depende de ambos", señaló una de las fuentes. El comercio entre China y los estados del Consejo de Cooperación del Golfo asciende a unos 300.000 millones de dólares anuales, y aproximadamente la mitad de las importaciones de petróleo chinas provienen de la región.
La prueba de fuego para China será si está dispuesta a adjuntar consecuencias a sus demandas, algo que por ahora no ocurrió. Pekín tiene precedentes de influencia diplomática en la región —en 2023 negoció el acuerdo que restauró los lazos entre Irán y Arabia Saudita tras años de hostilidad— pero también tiene límites claros: los críticos dentro de Irán señalan que el nivel de comercio e inversión no petrolera china fue modesto comparado con los compromisos en los estados del Golfo. "Teherán y Pekín se necesitan mutuamente. China es un factor que Irán no puede ignorar, y Pekín quiere que Ormuz se reabra y que el Mar Rojo esté seguro", resumió un diplomático occidental citado por Reuters.