El precio del petróleo escaló al nivel más alto desde el inicio del conflicto en Medio Oriente: el Brent subió un 1,3% hasta los 107,05 dólares por barril y el WTI avanzó un 1,51% hasta los 102,92 dólares, después de que ataques atribuidos a combatientes respaldados por Irán en Irak dejaran fuera de servicio el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, la infraestructura que el reino utilizaba para desviar sus exportaciones de petróleo hacia el puerto de Yanbu en el mar Rojo, eludiendo así el bloqueo de Ormuz. El golpe es de una gravedad extrema: Arabia Saudita podría comenzar a agotar el petróleo disponible para exportación en cuestión de días si no restablece las operaciones del ducto, lo que retiraría del mercado hasta un 4% del suministro mundial —unos 4 millones de barriles diarios. Los hutíes, aliados iraníes en Yemen, lanzaron además nuevos ataques con misiles y drones contra la base aérea militar de Khamis Mushait en el sur de Arabia Saudita, afectando hangares, radares, pistas y depósitos de municiones.
La destrucción del oleoducto Este-Oeste cierra el círculo de una estrategia iraní que ahora controla las dos salidas energéticas del Golfo Pérsico: Ormuz —bloqueado desde julio, con tráfico caído a menos de 10 tránsitos diarios frente a los 14 del promedio reciente y muy lejos de los niveles previos a la guerra— y ahora el corredor terrestre saudita hacia Yanbu que servía de válvula de escape. Con Bab el-Mandeb también en manos hutíes desde el viernes pasado, Teherán y sus aliados controlan simultáneamente las tres principales rutas de salida del petróleo del Golfo, en una posición de dominio energético sin precedentes en la historia moderna del conflicto en Oriente Medio. "Arabia Saudita podría comenzar a agotar el petróleo disponible para la exportación en cuestión de días", advirtieron compradores y comerciantes sauditas.
En paralelo, el acuerdo de alto el fuego energético entre Ucrania y Rusia anunciado por Trump mostró su primera fisura: el presidente Zelenski declaró que Kiev está dispuesta a apoyar la propuesta estadounidense solo si Washington puede garantizar que Moscú está "realmente dispuesto a poner fin a la guerra". La condición ucraniana es un recordatorio de que el acuerdo sobre objetivos energéticos —el primer entendimiento concreto entre ambas partes desde el inicio de la invasión— tiene un límite político claro: Ucrania no acepta separar la cuestión energética de la cuestión de fondo, que es la propia continuidad del conflicto. Con el petróleo en 107 dólares, el oleoducto saudita destruido, Ormuz semi-paralizado y el acuerdo ucraniano-ruso condicionado, el martes 15 de septiembre de 2026 se perfila como uno de los días de mayor presión energética global desde la crisis del petróleo de los años 70.