Colombia tendrá segunda vuelta el 21 de junio entre el candidato de derecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de Patria, y el oficialista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, luego de que ninguno superara el 50% necesario para ganar en primera vuelta este domingo. Con el 99% de las mesas escrutadas, De la Espriella obtuvo el 43,72% —más de 10,1 millones de votos— y Cepeda el 40,92%, con 9,5 millones de apoyos, en un resultado más polarizado de lo que anticipaban las encuestas. La Registraduría Nacional confirmó el balotaje tras ocho horas de votación que se desarrollaron con normalidad bajo el Plan Democracia, un operativo de seguridad con más de 400.000 efectivos desplegados. Participaron más de 23 millones de personas, alrededor del 56% del censo electoral.
La gran sorpresa de la noche fue el derrumbe de Paloma Valencia, la candidata del expresidente Álvaro Uribe y el Centro Democrático, que las encuestas ubicaban en torno al 15% y que terminó con apenas el 6,92% de los votos, poco más de 1,6 millones de apoyos. El colapso del uribismo convierte a sus votantes en el principal botín electoral de cara al balotaje: esos aproximadamente tres millones de votos serán los que definan quién llega a la Casa de Nariño. Sergio Fajardo obtuvo el 4,26% y Claudia López el 0,95%, completando un cuadro en el que el centro quedó completamente fuera de juego y la política colombiana se partió en dos bloques antagónicos sin espacio intermedio.
El escenario del 21 de junio es el más polarizado desde que Colombia tiene segunda vuelta. De la Espriella, un abogado mediático sin cargos previos en el Estado que canalizó el desgaste de las élites tradicionales con un discurso de orden y mano dura, deberá conquistar buena parte del voto uribista y de centro para derrotar a Cepeda, el heredero de las reformas de Petro, que llega al balotaje con el viento en contra de haber quedado segundo pero con la maquinaria del oficialismo y el apoyo de un presidente que termina su mandato con más del 50% de aprobación. En una Colombia que aprendió a exigir derechos sociales pero no ha resuelto su crisis de seguridad, la elección del 21 de junio será un referendo sobre qué se prioriza: la profundización de las reformas o el retorno del orden como promesa central de gobierno.