El recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente dejó de ser una variable geopolítica lejana para convertirse en una crisis de costos sin precedentes para la industria aerocomercial mundial. Desde el 1° de enero, el precio del combustible para aviones (Jet Fuel) trepó de 87,2 a 175 dólares el barril a nivel global, un incremento del 100,7% impulsado por el crudo que superó la barrera de los 110 dólares. El factor detrás del salto no es solo la suba del petróleo: una parte significativa del Jet Fuel se procesa en refinerías de la región, afectadas primero por el bloqueo del estrecho de Ormuz y luego por la escalada de bombardeos sobre instalaciones energéticas clave.
La volatilidad es aún más pronunciada en los grandes nodos logísticos del mundo. En Singapur, el hub de distribución para toda Asia, el barril llegó a los 230 dólares, un alza del 160,2%. En Europa, el incremento fue del 111%, mientras que en Argentina la situación es especialmente aguda: el precio CIF en refinerías locales pasó de 90,8 a 184,5 dólares el barril, un 103,2% de aumento que supera el promedio global y presiona con fuerza a las aerolíneas del mercado doméstico. En ese marco, Aerolíneas Argentinas ya aplicó recargos por combustible en sus tarifas, siguiendo el camino de compañías de toda la región.
El panorama hacia adelante es incierto. Willie Walsh, director de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), fue categórico al respecto: "No hay ganadores en esto. Va a afectar a todo el mundo". Walsh advirtió que si el conflicto se prolonga, las aerolíneas podrían verse obligadas a reducir capacidad y reconfigurar rutas ante una posible escasez de suministro. Por ahora, las grandes compañías europeas aseguran contar con coberturas y reservas estratégicas que les permitirían sostenerse a corto plazo, pero advierten que una guerra de larga duración exigiría una transformación estructural de toda la industria.