La crisis migratoria en Ceuta sigue agravándose: el gobierno local elevó a 88 la cifra de migrantes fallecidos desde que el jueves pasado más de 50.000 personas intentaron cruzar desde Marruecos, mientras la Asociación Marroquí de Derechos Humanos advirtió que el total podría alcanzar las 130 víctimas, señalando además la existencia de "decenas de desaparecidos y numerosos heridos". Los servicios forenses de Ceuta trabajan bajo una presión considerable: la mayoría de los fallecidos fueron trasladados al antiguo Hospital Militar, a unos dos kilómetros de la playa de Tarajal. Más de 1.000 personas recibieron atención médica desde el inicio de la crisis, según informó el delegado español en el enclave, Miguel Ángel Pérez Triano. Las autoridades españolas contabilizaron más de 48.000 devoluciones de migrantes marroquíes desde el jueves hasta el fin de semana, y el presidente de Ceuta, Juan Vivas, estimó que unas 5.000 personas permanecen aún en el territorio español.
Marruecos rompió su silencio con un comunicado del Ministerio del Interior que atribuyó la crisis a una combinación de factores: campañas de desinformación en internet, redes de tráfico de personas e interpretaciones erróneas sobre decisiones judiciales españolas que habrían hecho creer a parte de la población que podría evitar la devolución inmediata. El gobierno marroquí reconoció haber recuperado 11 cuerpos en sus aguas, cifra que se suma a los 88 cadáveres en la morgue de Ceuta, y anunció que inició acciones legales para "determinar todas las circunstancias y esclarecer las responsabilidades". Rabat también precisó sus propias cifras: unos 40.000 migrantes se dirigieron a Ceuta y 1.135 a Melilla, todos estos últimos ya devueltos. El gobierno marroquí no se pronunció directamente sobre el número de muertos totales, lo que generó reclamos de claridad por parte de medios, grupos políticos y familiares de las víctimas.
La crisis de Ceuta es la más grave en términos de víctimas fatales registrada en la frontera sur de Europa en los últimos años y ya alcanzó dimensiones que obligan a una respuesta política de mayor envergadura: 22 países de la UE solicitaron una reunión de emergencia de ministros del Interior, España instaló una barrera flotante de 500 metros frente a la playa de Tarajal y el debate sobre la política migratoria europea estalló con una urgencia que no admite dilaciones. El episodio llega además en un momento en que el continente ya está saturado de emergencias: incendios que devastaron el centro de España, una ola de calor que mató a casi 9.000 personas en Reino Unido y Francia, y el conflicto en Medio Oriente que tensó las relaciones entre Europa, Marruecos y los países del Golfo. Para España, que mantiene a Marruecos como "socio totalmente fiable" en materia migratoria, la pregunta que deja esta crisis es si esa asociación puede sostenerse después de la peor catástrofe humanitaria en la frontera de Ceuta de la que se tenga memoria.