España comenzó e la instalación de una barrera flotante de 500 metros frente a la playa de Tarajal, en Ceuta, como respuesta de emergencia a la ola migratoria más masiva registrada en el enclave español en los últimos años: desde el jueves, unas 50.000 personas ingresaron desde Marruecos, dejando un saldo de al menos 67 muertos. La estructura, compuesta por una barrera neumática y una línea de boyas ancladas, sobresaldrá entre 30 y 70 centímetros sobre el agua y se extenderá hasta un metro por debajo de la superficie, con un canal que permitirá la circulación de embarcaciones de la Guardia Civil para reforzar la vigilancia en uno de los principales puntos de ingreso irregular a territorio europeo. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, informó que durante la última noche prácticamente cesaron los intentos de cruce y destacó que Marruecos sigue siendo "un socio totalmente fiable", aunque advirtió que el operativo de seguridad continuará mientras persista el riesgo de nuevos ingresos.
La crisis escaló de inmediato al plano político europeo: 22 países de la Unión Europea solicitaron la convocatoria urgente de una reunión de ministros del Interior para coordinar una respuesta común. Entre las propuestas que se analizarán figura un mayor apoyo de la agencia Frontex para reforzar las fronteras exteriores del bloque y una revisión de la cooperación con Marruecos en materia migratoria, en un debate que revive las tensiones entre los países del sur de Europa —que soportan el mayor peso de los flujos migratorios— y los del norte, que históricamente han sido más reticentes a asumir cuotas de redistribución de migrantes.
La magnitud del episodio —50.000 personas en tres días y 67 muertos— no tiene precedentes en la historia reciente de Ceuta y reabre con urgencia el debate sobre la política migratoria europea en un momento en que el continente ya está saturado de emergencias simultáneas: incendios forestales que consumieron más de 77.000 hectáreas en el centro de España, una ola de calor que mató a casi 9.000 personas en Reino Unido y Francia, y los coletazos del conflicto en Medio Oriente que tensaron las relaciones con Marruecos —aliado clave en el control migratorio pero también actor con sus propios intereses geopolíticos en la región. La instalación de la barrera flotante es una respuesta de emergencia que los expertos consideran insuficiente por sí sola para abordar un fenómeno estructural que ninguna barrera física ha logrado detener de manera duradera.