El contundente triunfo del Partido Demócrata en las elecciones de medio término y la pérdida de las mayorías republicanas en el Congreso han generado una ola de reacciones internacionales divididas entre el entusiasmo de los sectores progresistas de Europa, el festejo abierto en Medio Oriente y la estricta cautela diplomática de las principales potencias globales.
En Europa, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, celebró el resultado al afirmar que "la sociedad estadounidense votó contra las políticas que empobrecen, contra el odio y contra el negacionismo climático", calificando el giro electoral como el freno a una "ola ultra".
En la misma línea, los socialistas en el Parlamento Europeo calificaron la victoria opositora como "el comienzo del fin de las guerras de Trump y de los aranceles ilegales", mientras que sectores de la gobernante CDU alemana señalaron la jornada como un "castigo" a la gestión del presidente estadounidense.
Por su parte, en Teherán la lectura estuvo marcada por el conflicto bélico. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que el electorado estadounidense "dijo no a la guerra", aunque el líder supremo Mojtaba Jameneí advirtió que el cambio de mayorías en Washington no modificará la hostilidad histórica hacia su país.
En contraste, potencias como China y Rusia optaron por una postura pragmática: Pekín reiteró su disposición a mantener una relación de "estabilidad estratégica", mientras que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que los resultados en EE. UU. "no afectarán a sus planes" respecto a la guerra en Ucrania.