Al menos 164 personas murieron y otras 971 resultaron heridas tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela, según confirmó la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien decretó la emergencia nacional y llamó a la unidad.
"En estos momentos, hay que mantener la unión para salvar vidas", afirmó en conferencia de prensa junto al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello.
Las tareas de búsqueda y rescate entre los escombros continúan en los estados más afectados —La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón— con La Guaira como el epicentro del desastre.
El Aeropuerto Internacional de Maiquetía, la principal terminal aérea del país, fue cerrado por "graves daños en su infraestructura", y la red de gas doméstico fue desconectada preventivamente para evitar accidentes adicionales.
"Lo principal es rescatar vidas, después veremos cómo se encara la reconstrucción material", señaló Rodríguez.
Los dos sismos ocurrieron con apenas un minuto de diferencia, con epicentro al oeste de Morón, sobre la costa caribeña venezolana, a unos 168 kilómetros de Caracas.
La escasa profundidad de 10 kilómetros amplificó el impacto en superficie, generando derrumbes y daños estructurales en distintas ciudades, incluyendo la capital. Tras los movimientos telúricos se activaron alertas preventivas de tsunami en el Caribe, aunque las autoridades continuaban monitoreando la situación oceánica para determinar si el riesgo se materializaba.
Rodríguez agradeció las muestras de solidaridad recibidas de Estados Unidos, Panamá, Qatar, Ecuador, Colombia, Reino Unido, Brasil, México, la ONU y organismos multilaterales financieros que ofrecieron colaboración.
Entre las reacciones internacionales se destacó la de Argentina, que emitió un comunicado oficial ofreciendo asistencia humanitaria con un mensaje que trascendió las diferencias políticas entre ambos gobiernos.
"Más allá de las diferencias que puedan existir entre nuestros gobiernos, el presidente Javier Milei extiende su mano en solidaridad al pueblo venezolano frente a una catástrofe natural que demanda una reacción de toda la comunidad internacional", expresó la Casa Rosada, en un gesto que contrasta con la tensión diplomática sostenida entre Buenos Aires y Caracas.
Con el número de víctimas en aumento y las tareas de rescate aún en pleno desarrollo, Venezuela enfrenta la peor catástrofe natural de su historia reciente en un momento en que su capacidad institucional y económica para responder a emergencias de esta magnitud está seriamente comprometida.