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Drones sobre Moscú: Ucrania quiebra la seguridad rusa con su mayor ofensiva aérea en dos años

El bombardeo estratégico impactó una refinería clave en la periferia de la capital, paralizó el espacio aéreo y envió un contundente mensaje político mientras Vladimir Putin se reunía con líderes asiáticos.

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Jueves, 18 de junio de 2026 a las 13:38
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Zelenski confirmó rápidamente la autoría del bombardeo.

El cielo de Moscú sufrió la ofensiva con vehículos aéreos no tripulados más severa y masiva de los últimos veinticuatro meses. Los sistemas de defensa rusos se vieron desbordados por una oleada de drones ucranianos que lograron vulnerar los anillos de seguridad más críticos de la región, provocando incendios estructurales de gran magnitud en la periferia y forzando la suspensión inmediata de toda la actividad aerocomercial. El epicentro del castigo militar fue la planta de refinamiento de petróleo MNPZ en el distrito sureño de Kapotnia, un enclave energético vital cuya afectación obligó al jefe comunal moscovita, Serguéi Sobianin, a admitir la preocupante escala de la agresión mientras el Kremlin intentaba ganar tiempo sin precisar los daños reales.

Lejos de la cautela de otras ocasiones, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski asumió rápidamente la autoría del bombardeo, respaldando la audaz planificación de sus mandos tácticos. Para Kiev, este masivo despliegue no constituye una provocación aislada, sino una contestación legítima, simétrica y plenamente fundamentada ante las implacables arremetidas que las fuerzas rusas propinan a diario contra los cascos urbanos y la infraestructura civil en territorio ucraniano. La acción militar fue ejecutada con una precisión que persigue tanto el colapso logístico como el impacto psicológico en el corazón del poder ruso.

Más allá del daño material a la infraestructura petrolera, la operación de Kiev guardó una calculada carga de oportunidad política y valor simbólico. Los drones impactaron en los alrededores de la capital en el preciso instante en que el mandatario Vladimir Putin presidía una cumbre internacional con representantes del sudeste asiático en Kazán, a unos 700 kilómetros de distancia. Al desnudar las vulnerabilidades de la seguridad interna de Rusia frente a la mirada de sus aliados extranjeros, Ucrania demostró que la guerra no solo sigue activa, sino que es capaz de proyectar su fuego directo sobre los centros neurálgicos del régimen invasor.

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