Este domingo 25 de octubre, el electorado brasileño acude a las urnas para definir la presidencia entre el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador opositor Flávio Bolsonaro. Las mesas electorales funcionarán bajo horario unificado en todo el país de 8:00 a 17:00 (hora de Brasilia y de Argentina). Tras el cierre de las mesas, el Tribunal Superior Electoral (TSE) comenzará a publicar los primeros boletines parciales de manera inmediata, estimándose una rápida tendencia gracias a la automatización del proceso.
El sistema de sufragio se lleva a cabo de forma íntegramente digital mediante las urnas electrónicas de Registro Directo del Voto (DRE), vigentes desde 1996. Cada ciudadano ingresa el número del candidato en el teclado numérico, verifica en pantalla la foto, nombre y sigla del partido, y confirma su elección; al concluir, el dispositivo emite un Boletín de Urna (BU) digital que es transmitido al TSE para la totalización rápida de los votos. En la Argentina, los más de 13.000 ciudadanos habilitados para votar podrán hacerlo entre las 8:00 y las 17:00 en la Embajada de Brasil en Buenos Aires (Cerrito 1350) y en otras sedes consulares, presentando cualquier documento oficial con foto (incluso si está vencido).
El factor determinante en esta segunda vuelta será la capacidad de ambos comandos de campaña para movilizar a la masa abstencionista. En la primera vuelta del 4 de octubre —donde Bolsonaro logró el 47,03% frente al 45,16% de Lula— no acudieron a votar más de 33 millones de electores, lo que representó un 21,08% de abstención (la más alta desde 1998). Con un electorado "indeciso" o no alineado en primera vuelta que equivale al 30,5% del padrón total, la disputada por estos votos es el eje central de ambas fuerzas en una elección marcada por propuestas antagónicas en economía y seguridad pública.
Las plataformas de gobierno reflejan dos visiones contrapuestas para abordar las mayores inquietudes del electorado, encabezadas por la seguridad pública y la situación económica según relevamientos de AS/COA y Directorio Legislativo. Mientras Lula da Silva propone un esquema de equilibrio fiscal con fuerte inversión social, combate al crimen organizado enfocado en la asfixia financiera a milicias y iniciativas laborales como la reducción de la jornada laboral a 40 horas, Flávio Bolsonaro impulsa una agenda pro mercado con un marcado "tesouraço" o recorte del gasto público —inspirado en las políticas de ajuste de Javier Milei en Argentina—, junto a una política de mano dura carcelaria basada en el modelo salvadoreño de Nayib Bukele.