La situación socioeconómica de la Argentina y el estilo de gestión del presidente Javier Milei irrumpieron de forma protagónica en el último debate presidencial televisado de Brasil, desarrollado en la sede de la cadena TV Globo de cara a la segunda vuelta del próximo domingo. En un clima por momentos tenso pero con mayor intercambio de propuestas que en sus cruces previos, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador opositor Flávio Bolsonaro utilizaron el escenario argentino como un espejo de confrontación para medir y cuestionar sus respectivas visiones de gobierno.
Durante la discusión sobre economía y desarrollo regional, Lula cuestionó con ironía a su adversario sobre su apego a las políticas de recorte que pregona la derecha, indagando si pretende aplicar en Brasil la tradicional "motosierra" promovida por la administración argentina. El líder del Partido de los Trabajadores (PT) alertó que dichas recetas profundizaron el deterioro social en el país vecino y derivaron en un índice de pobreza que alcanzó el 40%. Frente a estos planteos, Flávio Bolsonaro replicó imputando el colapso argentino a las dos décadas previas de administraciones de izquierda y comparó directamente los esquemas económicos del PT con el modelo kirchnerista.
Más allá del ámbito internacional, el debate registró picos de rispidez al abordar el gasto público, las obras de infraestructura, la inflación y la seguridad ciudadana. Mientras que Bolsonaro acusó al oficialismo de asfixiar fiscalmente a las familias y convertir al país en un "cementerio de obras", Lula rechazó las acusaciones enumerando sus inversiones en transporte y remarcando la falta de sensibilidad social de la oposición. El intercambio incluyó además descalificaciones personales sobre episodios pasados de ambos candidatos, la apelación al voto en un escenario de extrema paridad en los sondeos y cruces en la recta final por la relación que cada proyecto político entablaría con las grandes potencias.